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¿Qué es un Qobuzissime? Es un premio otorgado por Qobuz para un primer o segundo álbum.

Pop o reggae, metal o clásico, jazz o blues, ningún género está excluido. A menudo, otorgamos este premio a un artista recién descubierto.

A veces, puede ser un álbum especialmente peculiar o que busca la alianza entre géneros musicales.

Los aspectos importantes son la sinceridad, la originalidad y, desde luego, la calidad. Buscamos todas estas cualidades en el concepto musical y en el sonido.





Los álbumes

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Alternativa & Indie - Publicado el 29 de mayo de 2020 | Animal 63

Hi-Res Libreto Premios Qobuzissime
Una voz. Sólo pensamos en ella cuando se termina el primer álbum de Meryem Aboulouafa. El estado de hipnosis en el que nos sumerge la cantante de Casablanca dura 38 minutos, durante los que esa voz toma el control de nuestras almas y oídos, embarcados en un viaje híbrido que mezcla el soul, el pop, el electro, la música oriental y bandas sonoras imaginadas. Al igual que en el caso de sus contemporáneas Kadhja Bonet (en la que pensamos mucho), Weyes Blood, Jenny Hval o Lana Del Rey, el universo de Meryem Aboulouafa también está compuesto por sonidos, ambientes y sobre todo palabras... Su padre le hizo escuchar todos los clásicos (Beatles, Stones, Floyd, Dylan, Piaf, Brel, Brassens) antes de que estudiara teoría musical y violín en el conservatorio, escribiera sus primeros poemas en árabe y francés y terminara estudiando arquitectura interior en el instituto nacional de Bellas Artes de Casablanca. Con la guitarra en sus manos, la joven Meryem escribió una primeras canciones que cautivaron a Manu Barron, del sello Animal 63 (The Blaze, Myth Syzer, Johan Papaconstantino, Gabriel Auguste). Ayudada por Keren Ann, sus ya sustanciosos bocetos se convirtieron en consistentes canciones, que dos expertos de las mesas de mezclas, Para One y Ojard, arreglaron con inteligencia...“Para One aporta una dimensión cinematográfica que me conviene, porque tiendo a visualizar mucho mis letras y mi música”, explica la cantante. “Ojard se vuelca más en la melodía, la orquestación, la elaboración de sonoridades complejas y armoniosas.” Un piano cristalino da paso a unas cuerdas líricas neoclásicas; un poco más adelante, suena una sección rítmica marcial; luego, un ensamblaje electrónico trip hop. Y siempre esta preocupación instrumental por acercarse a la voz y a sus letras introspectivas. The Friend evoca la oración musulmana y su gestualidad poética, Deeply se interroga acerca de la complejidad del alma humana, Breath of Roma es una declaración de amor por la cultura italiana, etc. Once piezas que forman un fascinante puzzle de gran finura emocional. Evitaremos reducir a Meryem Aboulouafa a una suerte de hija oculta de James Blake y Oum Kalthoum porque este primer álbum (al que hemos otorgado un Qobuzissime) ya es obra de una artista con una fuerte personalidad. © Marc Zisman/Qobuz
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Alternativa & Indie - Publicado el 3 de abril de 2020 | Bella Union

Hi-Res Premios Qobuzissime
Dusty Springfield, Adele, Lulu, Sandie Shaw, Duffy... La tradición de los cantantes británicos de soul pop siempre ha sido muy rica, y el segundo álbum de Ren Harvieu, que hemos premiado con un Qobuzissime, confirma este movimiento con tintes retro inspirados en los años 60. Pero no todo ha sido fácil para esta cantante de Manchester: en 2011, recién fichada por el sello Island, para el que estaba grabando su primer álbum, se rompió la espalda en un grave accidente y pasó meses en una cama de hospital. No obstante, su álbum Through the Night fue lanzado, pero el escaso éxito la llevó a un largo y tumultuoso período de dudas. Es un tiempo que ha dejado atrás y que aborda en Spirit Me Away y You Don’t Know Me, dos puntos destacados de este álbum Revel in the Drama.Este segundo disco es el resultado de su encuentro con el cantante de Magic Numbers, Romeo Stodart, que le ayudó a redescubrir su pasión por la música y su inspiración para volver a grabar. Más refinado que su predecesor, Revel in the Drama aborda las influencias de esta encantadora torch singer; mientras que el espíritu de Dusty Springfield (o, más reciente, Rumer) nunca anda lejos, es ciertamente KD Lang y sus inflexiones vocales en lo que se piensa primero al escuchar este álbum. La escritura de Ren Harvieu es sin embargo única: las sombrías secuencias están siempre impregnadas con su humor característico, un ligero sarcasmo que es 100% británico. La libertad que expresa en su tono y su escritura es similar a la de Fiona Apple, uno de sus ídolos. Revel in the Drama es una magnífica colección de canciones atemporales y conmovedoras, joyas del pop vintage envueltas en magníficos tonos de fácil escucha y arreglos de alta calidad, que se pueden tararear hasta bien entrada la noche. © Marc Zisman/Qobuz
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925

Alternativa & Indie - Publicado el 27 de marzo de 2020 | Domino Recording Co

Hi-Res Premios Qobuzissime
Cuando alguien afirma que un grupo es único, viene a significar que en realidad no es ni más ni menos único que cualquier otro grupo. Y como vivimos en una época en la que es especialmente divertido desdibujar los límites estilísticos y escuchar músicas de forma indiscriminada, el grupo que encaja en este año 2020 como un puño en el ojo es aún más difícil de clasificar que sus contemporáneos... Asha Lorenz y Louis O’Bryen no tienen nada más que rock en sus mentes y sus ideas parecen tan ordenadas como el cuarto de un adolescente, pero presentan uno de los álbumes de debut más sorprendentes e impredecibles que existen. Después de todo este tiempo, los dos londinenses, que se conocen desde sus días de instituto, han tenido sin duda la oportunidad de trabajar extensamente en este 925. No son rivales, son simplemente los mejores amigos, y por eso se turnan para tomar el micrófono en el disco. Y lo comparten entre ellos, como ya hiciera Sonic Youth en el siglo pasado. Por cierto, esto a veces nos recuerda a una, a veces incluso muy suave versión de sus antiguos colegas de Nueva York. Al igual que estos últimos, los Sorry no sonríen mucho, más bien muestran una cara algo ofendida, una especie de pereza casual, que resulta más repulsiva que atractiva. Y aún así, todo es fascinante. El periódico británico The Guardian también destacó este sentimiento, con el titular: “Sorry, este grupo hace que el aburrimiento sea sexy.” No podría ser más apropiado... Del grunge Sorry ha tomado prestada la actitud vaga, de los Pixies sus guitarras (Perfect), de Garbage la burla con efecto sexy (Snakes), de The Kills las asociaciones con los drogadictos (More), del movimiento no wave el saxo alcoholizado y del post-punk las visiones oscuras. Debemos escuchar este Qobuzissime una y otra vez, para medir su singularidad y dejarnos seducir por completo. Este álbum simplemente no puede ser pasado por alto. No hay excusa, Sorry. © Mark Zisman
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Alternativa & Indie - Publicado el 28 de febrero de 2020 | Heavenly Recordings

Hi-Res Premios Qobuzissime
De ser “tres bichos raros” de Yorkshire, las hermanas Esmé y Sidonie Hand Halford (bajo y batería) y su amigo de la infancia Henry Carlyle Wade (guitarra) se han convertido en la banda indie a seguir. “Es un álbum de escape; si yo fuera al espacio, probablemente no volvería”, confiesa Esmé, la voz delgada y el bajo sólido de The Orielles. Después de un narcótico Silver Dollar Moment bajo la influencia de Stone Roses lanzado en 2018, esta segunda obra extraterrestre va desde la sicodelia turca tipo Altin Gün al cine experimental italiano, para distanciarse mejor del rock guitarrero de los 90. Dos años es mucho tiempo cuando tienes veintitantos años, cuando sales del aburrido Halifax para ir de gira por Europa. Mientras tanto, llegó Alex Stephens a los teclados, realizaron la versión de It Makes You Forget (Itgehane) de Peggy Gou, “muy instructiva”, que los abrió a la música dance, y la remezcla de su single Sugar Taste Like Salt realizada por el desaparecido Andrew Weatherall.Grabado en el Eve Studio de Stockport, con su productora Marta Salogni (Liars, Temples, Björk o The Moonlandingz), Disco Volador coloca la melodía en el centro, convirtiendo lo antiguo en nuevo. “Todas las influencias que tuvimos cuando escribimos este disco estaban presentes cuando lo grabamos, sabíamos cómo tenía que sonar el disco y cómo llegar allí”, continúa la cantante. Ya sea pop aéreo de los 60 (Come Down on Jupiter), disco experimental (Space Samba (Disco Volador Theme)), funk al estilo de los 70 (Bobbie’s Second World, Euro Borealis), sicodelia uptempo (Rapid i, 7th Dynamic Goo) o hovering al estilo Khruangbin (A Material Mistake), no hay nada que desechar. Brillante, adictivo, Qobuzissime. © Charlotte Saintoin/Qobuz
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Pop - Publicado el 20 de septiembre de 2019 | Verve Forecast

Hi-Res Premios Qobuzissime
El American dream es un tema aparentemente inagotable. Ya se aborde frontal o lateralmente, por un lado u otro, supone el carburante último de una verdadera horda de songwriters; y ello aunque alguno ni siquiera haya nacido ahí, en las Américas. Es el caso de J.S. Ondara. Porque este joven keniata, a quien su sello califica de «eslabón perdido entre Tracy Chapman y Michael Kiwanuka» (referencias evidentes pero ciertas), se ha sumado igualmente al carro. En 2013 Ondara se instalaba en casa de su tía de Minneapolis. Bares, clubs y calles se convierten, así, en escenario de las canciones de un chaval que hasta entonces no había salido de su Nairobi natal, canciones construidas a base de guitarra acústica con el objetivo, seguramente, de convertirse en el Bob Dylan del tercer milenio. En el Dylan de The Freewheelin’, su disco fetiche, junto al Nebraska de Springsteen… Pero, claro, si se hubiera limitado a clonar a esos colosos el asunto no tendría mayor interés. Y en Tales of America elude tal peligro. Porque J.S. Ondara dispone de una voz propia: es ese tono quejumbroso y una pizca andrógino lo que marca la diferencia. En cuanto a la instrumentación, se añaden las bienvenidas aportaciones, especialmente, del gran Andrew Bird, de Griffin Goldsmith (de Dawes) o de Joey Ryan (del dúo Milk Carton Kids). Para una América enfrentada, para un mundo más confuso que nunca, las canciones de J.S. Ondara son bastante más que simples apósitos. Suponen más bien poderosos bálsamos que atraviesan la piel del oyente y reconfortan su corazón. Un Qobuzissime, en cierto modo, necesario… © Marc Zisman/Qobuz
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Pop - Publicado el 20 de septiembre de 2019 | Columbia

Hi-Res Premios 4F de Télérama - Pitchfork: Best New Music - Qobuzissime
¡A todo el mundo le gusta el soul y el funk “vintage”! Pero aunque parece que aparecen herederos de Curtis Mayfield, Al Green, Prince, Sly Stone etc. todos los días, el verdadero interés parece limitado… Pero ya con solamente dos álbumes, el grupo Alabama Shakes ha mostrado su fuertemente original y tórrida versión de un funk de garaje sureño. ¿Su ingrediente secreto? Brittany Howard, esa cantante con un carácter y carisma XXL. Y con ese carisma se ha lanzado a realizar su primer e impresionante álbum a solo, que conserva los valores esenciales de los Alabama Shakes pero incorpora líneas menos convencionales, más originales. Howard firma aquí un disco de funk delirante y sicodélico, en las fronteras de lo experimental, como en History Repeats, con sus vivaces guitarras, sus ritmos irregulares y una voz alborotada.La nativa de Athens se rodea de un reducido grupo de músicos de confianza (Zac Cockrell, bajista de Alabama Shakes, y dos jazzmen curtidos y singulares, Robert Glasper al piano y teclados y Nate Smith a la batería). Es una base reducida pero rica a la vez, y sobre ella, Howard despliega su particular estudio acerca de sus referencias vitales. ¡Todo está aquí! La homosexualidad (Georgia), la muerte (el título del álbum, Jaime, es el nombre de su hermana mayor, que murió de cáncer a los 13 años, cuando Brittany tenía 8), la religión (He Loves Me), y el racismo, que ella misma, hija de una madre blanca y de un padre negro, ha sufrido (Goat Head relata esa mañana en la que su madre encontró las cuatro ruedas de su coche pinchadas y la cabeza cortada de una cabra en el banco del jardín). Es un disco que no deja indiferente. Las referencias e influencias de Howard son evidentes (Prince, Curtis, Sly), o eso parece, pero al final el resultado es de una gran originalidad. © Marc Zisman/Qobuz
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Alternativa & Indie - Publicado el 16 de agosto de 2019 | Human Season Records

Hi-Res Premios 4F de Télérama - Qobuzissime
¿Podría ser Dublín el epicentro de un nuevo terremoto post-punk? Siguiendo los pasos de Fontaines D.C. y Girl Band, con los que compartieron espacio de ensayo, ahora llegan estos 5 irlandeses de The Murder Capital para sumergirnos en su claustrofobia urbana. Son post-apocalípticos, furiosos, emocionados y emocionantes. Retomando códigos de Joy Division, The Cure o Fugazi, su primer álbum se titula When I Have Fears, como el famoso poema de John Keats. El frontman de la banda, James McGovern, lo tiene claro: “Sería facilísimo para nosotros escribir un álbum de 10 canciones punk a 170 bpm […] pero no podemos estar enfadados durante tanto tiempo, preferimos reflejar lo que está en nuestras cabezas.” Y así nos encontramos con romanticismo melancólico y explosiones furiosas a partes iguales, expresión de las preocupaciones socio-políticas de McGovern. La semilla de When I Have Fears parece haber sido un evento traumático: “Un amigo muy cercano se suicidó en febrero, y quisimos reflejar la negligencia del sistema irlandés con respecto a la salud mental. Ocurren muertes innecesarias debidas a esta falta de atención, y también por la deficiente inteligencia emocional de nuestra sociedad. Mi amigo simplemente no se podía permitir pagar la ayuda que necesitaba.”El barítono se inspira en la vasta tradición literaria de su país para construir un mordaz retrato de la juventud, a menudo plagada por una cultura de borrachera. Su mensaje queda subrayado por afiladísimos arreglos que rozan el minimalismo. Su simpleza contribuye a resaltar una sensación de urgencia en muchas de las canciones. Por lo demás, el hiperactivo batería Diarmuid Brennan –¡esos hi-hats!– en Don’t Cling To Life, o el piano y los sombríos gruñidos en The Street Adores Me Now demuestran que la banda es más que capaz de ir mucho más allá de los mimbres formales establecidos durante el revival post-punk de los primeros años 2000. When I Have Fears es un disco genuinamente dublinés, que trasciende la frialdad y la miseria sin abandonar nunca la sinceridad y la energía – un Qobuzissime contundente y sensible. © Alexis Renaudat / Qobuz
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Alternativa & Indie - Publicado el 19 de julio de 2019 | Mr Bongo

Hi-Res Premios Qobuzissime
Desde Anatolia, ¡una especie de samba lo-fi cantada en inglés, francés y turco! Con un programa intensamente colorido, Mantra Moderne está llamado a convertirse en álbum de culto en este verano de 2019. Esta banda sonora indie-world es el fruto del trabajo del dúo Kit Sebastian. El hombre-orquesta Kit Martin vive entre Londres y París, y es el autor de las canciones y de la interpretación instrumental en este álbum donde su cómplice Merve Erdem aporta la voz. La cantante de Estambul está también asentada en Londres. Parece que estos días las inesperadas fusiones estilísticas son una gran moda, y sin duda Mantra Moderne puede considerarse el portaestandarte de esta tendencia. Del tropicalismo brasileño al pop británico de los 60, de la psicodelia turca a la electrónica analógica, Kit Sebastian recorre las músicas del siglo XX como hicieron Stereolab, Broadcast o Khruangbin antes que ellos. El gabinete de curiosidades que es este álbum incluye todo tipo de instrumentos, tanto acústicos como electrónicos: tablas, darbukas, balalaika, oud, un órgano Farfisa, un Korg MS-20, … La pareja compone una sinfonía deliciosamente minimalista, algo maliciosa, y tan anclada en los 60… ¡El Qobuzissime más exótico del año! © Marc Zisman/Qobuz
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Alternativa & Indie - Publicado el 14 de junio de 2019 | Heavenly Recordings

Hi-Res Premios Qobuzissime
Miss Brown posa como perdida en mitad de una fábrica de color ocre. Muy visual, estupendo. No es de extrañar, esta joven artista norteamericana trabaja como ilustradora en la empresa MailChimp. «Es como tener dos trabajos a tiempo completo: el diseño y la música», según ha explicado. Y casi podemos imaginarla dando forma a sus temas en horario nocturno. Mattiel (pronúnciese Maa-Teel) Brown se pondrá su mono de trabajo y venga, a darle a la voz, a una voz de timbres agrestes y rugosos. Aspereza que, sin duda, algo tendrá que ver con los vastos campos de Georgia entre los que creciera, antes de trasladarse a la poblada Atlanta. Allí conoció a Randy Michael y Jonah Swilley, con los que comienza a componer lo que constituirán los cimientos de Satis Factory. Ellos se ocupan de la parte instrumental y ella de las letras.Y esa alquimia funciona a las mil maravillas. Los riffs enganchan (Je Ne Me Connais Pas) y las melodías suenan pegadizas, pero por encima de todo fascina esa personalidad con temperamento, como las que acostumbra a fichar el sello Burger Records. Personalidad que Mattiel contagia a un folk sesentero con aromas de surf pop y a un blues intemporal con elementos de soul vintage. Una mezcla muy equilibrada y trufada de referencias; de hecho, suele citar entre sus artistas favoritos a Screamin’ Jay Hawkins, Andre3000, Marc Bolan, The Staple Singers y Jack White. Un disco de lo más prometedor. © Charlotte Saintoin/Qobuz
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Alternativa & Indie - Publicado el 12 de abril de 2019 | Partisan Records

Hi-Res Premios 4F de Télérama - Qobuzissime
Apenas recuperados de Songs of Praise, primer Qobuzissime de los londinenses Shame, el ojo del huracán rock’n’roll se traslada ahora más al norte, a Dublín. Allá, una banda igualmente virulenta llamada Fontaines D.C., aprieta los dientes para demostrarnos que el actual revival postpunk tiene todavía más de un gancho, rodillazo, patada y directo al estómago que propinarnos. Y aunque el álbum de presentación de Fontaines D.C., Dogrel, se enraíce en territorios conocidos (The Fall, Joy Division, Gang Of Four, Public Image Ltd.), el abono es diferente. En primer lugar, por esa singularidad irlandesa que exuda este disco nostálgico de un Dublín de postal, desaparecido a causa de la globalización y la gentrificación. Dogrel termina, por lo demás, con Dublin City Sky, balada acústica alusiva a los viejos pubs y la Guinness bien tirada, y que parece salida de un disco de los Pogues, su grupo de referencia. Pero el combo de Grian Chatten tiene también la particularidad de venerar la literatura y la poesía tanto como el rock’n’roll y la folk music. De ahí esa constante sensación de estar escuchando un panfleto de puro y reivindicativo postpunk, pero nunca burdo. Ese es el punto fuerte de Dogrel, sonar culto sin parecerlo, agitado pero audible. En un posible hit como Big Chatten aúlla «my childhood was small, but I'm gonna be big» (mi infancia fue pequeña, pero voy a ser grande). Y precisamente eso, grandes, es lo que parece que Fontaines D.C. están destinados a ser muy pero que muy pronto… © Marc Zisman/Qobuz
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Alternativa & Indie - Publicado el 22 de marzo de 2019 | ATO Records

Hi-Res Premios Pitchfork: Best New Music - Qobuzissime
¡Qué pasada! Una jovenzuela londinense que dice haber aprendido a tocar imitando los acordes de The Libertines. En casa sonaban los discos de folclore turco de su papá y los de música clásica, Simon & Garfunkel y Cat Stevens que ponía mamá. Por otro lado, al parecer, su santísima trinidad pop está conformada por Nina Simone, Amy Winehouse y los Pixies. No tenemos más datos datos, pero así son las cosas. En todo caso, lo que podemos afirmar sin temor a equivocarnos es el que la música de Nilüfer Yanya se mueve desacomplejadamente entre el rock y el soul, con intensidad y cierta tendencia a la ironía. Y si Miss Universe, su primer álbum, destaca de entrada por algo es por la impecable asimilación de las citadas referencias, discos y épocas. Exquisitamente elaborado, incluye potentes canciones dotadas de estribillos imparables (In Your Head), baladas sensibles pero nada insípidas (Monsters Under the Bed), pop desarticulado (Paradise), R&B minimalista (Safety Net) y mil sorpresas más. Pero, sobre todo, Nilüfer Yanya demuestra una frescura nada habitual en los actuales orbes del pop y el rock. ¡Todo ese carisma musical, color vocal y madurez compositiva, con solo 23 años, se merece un Qobuzissime! © Marc Zisman/Qobuz
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Alternativa & Indie - Publicado el 22 de marzo de 2019 | Sub Pop Records

Hi-Res Premios Qobuzissime
Su imagen resulta de lo más misteriosa. Tocado con un Stetson, antifaz en los ojos y velo de flecos que le cubre la boca, Orville Peck parece una especie de vengador enmascarado, disfrazado, embozado, inidentificable, presto a sumarse a las filas de ilustres personajes como Daft Punk, Cascadeur, The Residents, MF Doom o SBTRKT. Nuestro hombre tiene, pues, el aspecto de un cow-boy escapado de alguna pesadilla de David Lynch, como si se tratara de una versión improbable del Llanero Solitario, ese personaje de ficción nacido en 1933 en un folletín radiofónico y protagonista quince años más tarde de una serie televisiva, verdadero icono de la cultura pop norteamericana… Y cuando por fin abre la boca, se descubre una voz de crooner de acentos intemporales y tonalidades de Elvis, Roy Orbison, Chris Isaak, Lloyd Cole y Marlon Williams. Una acariciadora voz de lover inveterado, de cuyos efectos Orville Peck, con todo, no llega a abusar. En Pony, su primer álbum Qobuzissime, editado por el estupendo sello Sub Pop, este misterioso artista nacido no se sabe dónde y de edad desconocida, encadena unas desarticuladas baladas románticas con las más oníricas elegías. Unas canciones enormes envueltas en una producción caracterizada por la reverberación, las guitarras twang, las baterías algodonosas y la steel-guitar impresionista. Como si el country y el shoegaze se amalgamaran para gozar de una tórrida noche de amor. Corazones rotos, moteles desérticos, autopistas infinitas y paisajes de western desteñido; he aquí un bonito disco que deja entrever una imaginería fascinante pintada por ese dotado artista que es Orville Peck. Para sumergirnos en ella bastará con cerrar los ojos y soñar escuchando estas canciones. © Marc Zisman/Qobuz
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Alternativa & Indie - Publicado el 8 de marzo de 2019 | Alice Phoebe Lou

Hi-Res Premios Qobuzissime
Con su larga melena rubia y cara de malas pulgas, la imagen de Alice Phoebe Lou irradia fuerza. Pero aún más refulgente es esa voz cristalina que se desliza entre unos agudos y graves etéreos con desconcertante facilidad. Nacida en Ciudad del Cabo, en la costa sudeste sudafricana, la chica cambiaría sus claros horizontes por los grises cielos berlineses. La había fascinado la capital alemana tras un viaje que la había llevado también a París y Amsterdam, decidiendo por entonces vivir de su música a cualquier precio. Antes de lanzar su primer álbum, Orbit (2016), sobria mezcla de jazz y folk, la artista trotamundos ya contaba con una amplia experiencia a sus espaldas, curtida por mil y un recitales en compañía de su guitarra, tanto en la calle como en los bares de Mauerpark o de la Warschauer Strasse. «No rules, no rules», espeta en Something Holy, su credo al mismo tiempo vital y musical. Y en la línea de Orbit, este segundo disco vuelve a trasladarnos a su universo privado, hecho de unas ensoñaciones folk, blues y jazz de tonos intensos. Privilegiando el fulgor de su voz, las diez pistas de Paper Castles conforman un trabajo compacto pero ingrávido, con la colaboración de iridiscentes sonoridades sintetizadas, aunque no conviene olvidar esas texturas mesuradas de bajo, guitarra o xilofón (Ocean), los aéreos desarrollos vocales y notas expiradas (Fynbos) o la producción impresionista y favorecedora de tempos lents (Galaxies). Y es que todo parece tocado por el toque elegante de Alice. Una maravilla. © Charlotte Saintoin/Qobuz
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Pop - Publicado el 15 de febrero de 2019 | Verve Forecast

Hi-Res Premios 4F de Télérama - Qobuzissime
El American dream es un tema aparentemente inagotable. Ya se aborde frontal o lateralmente, por un lado u otro, supone el carburante último de una verdadera horda de songwriters; y ello aunque alguno ni siquiera haya nacido ahí, en las Américas. Es el caso de J.S. Ondara. Porque este joven keniata, a quien su sello califica de «eslabón perdido entre Tracy Chapman y Michael Kiwanuka» (referencias evidentes pero ciertas), se ha sumado igualmente al carro. En 2013 Ondara se instalaba en casa de su tía de Minneapolis. Bares, clubs y calles se convierten, así, en escenario de las canciones de un chaval que hasta entonces no había salido de su Nairobi natal, canciones construidas a base de guitarra acústica con el objetivo, seguramente, de convertirse en el Bob Dylan del tercer milenio. En el Dylan de The Freewheelin’, su disco fetiche, junto al Nebraska de Springsteen… Pero, claro, si se hubiera limitado a clonar a esos colosos el asunto no tendría mayor interés. Y en Tales of America elude tal peligro. Porque J.S. Ondara dispone de una voz propia: es ese tono quejumbroso y una pizca andrógino lo que marca la diferencia. En cuanto a la instrumentación, se añaden las bienvenidas aportaciones, especialmente, del gran Andrew Bird, de Griffin Goldsmith (de Dawes) o de Joey Ryan (del dúo Milk Carton Kids). Para una América enfrentada, para un mundo más confuso que nunca, las canciones de J.S. Ondara son bastante más que simples apósitos. Suponen más bien poderosos bálsamos que atraviesan la piel del oyente y reconfortan su corazón. Un Qobuzissime, en cierto modo, necesario… © Marc Zisman/Qobuz
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Alternativa & Indie - Publicado el 26 de octubre de 2018 | [PIAS] Le Label

Hi-Res Premios Qobuzissime
Un dandi británico de voz indolente, un pionero de la escena French Touch y una chica airada. Es la colaboración sorpresa de este otoño, y ellos son Baxter Dury, Étienne de Crécy y Delilah Holliday. La historia comienza a finales de 2017 con el SMS de un Baxter Dury ocioso en París, que le pregunta a la mitad del dúo Motorbass si no tiene algunos instrumentos para enredar un rato. A eso le siguió un baile de idas y venidas entre la Gare du Nord y Saint-Pancras, al que se sumó la vocalista del combo punk londinense Skinny Girl Diet, que demostraba sus aptitudes para el soul/R&B la pasada primavera en su primer mixtape, Lady Luck Vol.1. Y en cuanto tienen un momento libre, el trío se escapa y encierra en el estudio de De Crécy, teniendo en mente como único mantra la simplicidad de bandas como Sleaford Mods. El resultado es «una criatura mutante venida directamente de los 80 que parecería no haberse desarrollado por completo», según palabras de Dury.Etienne de Crécy ha eliminado toda floritura para servir a sus compañeros un sonido tan crudo como una demo, un puñado de producciones synth-pop mayormente reducidas a un bajo peleón, una caja de ritmos que suena por ahí de fondo y un piano destartalado. Y la cosa funciona: el single White Coats prueba que no se necesita gran cosa para hacer una buena canción, siempre y cuando se disponga de buenos cantantes. Porque a lo largo del disco son las voces las que crean ambientes, respondiendo el timbre grave y apático de Baxter Dury a los estribillos soulful de Delilah Holliday, sin la que el disco podría parecernos un tanto monótono. «Etienne ha construido un fondo musical para este relato confesional, y Delilah lo ha convertido en algo más emocional», señala Dury. «Se trata de una mezcla improbable que funciona por su brevedad, simplicidad y honestidad». © Smaël Bouaici/Qobuz
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Alternativa & Indie - Publicado el 26 de octubre de 2018 | CRYBABY

Hi-Res Libreto Premios Qobuzissime
Francis Mallari, Elliot Berthault, Maxime Gendre, Simon Dubourg, Guillaume Rottier: estos cinco chavalotes nos sorprenden con un post-punk tan hermoso como violento, made in France. Rendez-Vous recurre a la característica gelidez eighties, pero siempre con innegable frescura. Y desde luego, no parece un grupo francés. Desde Fad Gadget a Soft Moon, influencias no le faltan al quinteto, pero sin caer nunca en la simple imitación. Tras dos EP, Rendez-Vous en 2014 y The Distance en 2016, los parisinos han dado con la fórmula de un punk oscuro y frío pero refulgente como el oro, elegante pero raído, en absoluto sucio o caduco. Haciendo honor a su nombre, nos ofrecen un rendez-vous romántico en blanco y negro, una cita con estilo, con clase, con pasión. Todo encaja: la voz ronca y rota de Francis, la guitarra destartalada y unos sintes desvencijados, y sobre todo esas sólidas líneas de bajo (Sentimental Animal, Paralyzed), bien dibujadas y suministradoras de ritmos marciales alejados, con todo, de extremismos. Una columna vertebral poderosa con la que Rendez-Vous se demuestra capaz de alcanzar –adecuado título– un Superior State de rotundas sonoridades. Y eso desde los primeros acordes. Sobre un escenario pueden sonar incendiarios. Excelente álbum. © Charlotte Saintoin/Qobuz
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Alternativa & Indie - Publicado el 19 de octubre de 2018 | Communion Group Ltd

Hi-Res Premios 4F de Télérama - Qobuzissime
Es una pena que se encasille a Tamino-Amir Moharam Fouad en el papel de simple heredero de Jeff Buckley, con elementos de unos primeros Radiohead. Más que nada, porque este songwriter belga de tan solo 21 años nos ofrece bastante más que eso en este su primer álbum, al margen de que el propio Colin Greenwood, bajista del célebre grupo británico, participe en el disco… Tamino, nativo de Amberes fascinado por John Lennon, ha conservado siempre en un rincón de su memoria, bajo su melena de un negro azabache, el amor por sus orígenes egipcios. Y la música árabe que su madre le ponía de pequeño le gustaba sobre todo cuando venía firmada por Muharram Fouad, su abuelo, cantante y actor, estrella del Cairo de los sixties… Ese eclécticismo forma parte del ADN musical de Tamino, deudor tanto del folk de Buckley como del pop de los Beatles, pero también de la melancolía galopante de Leonard Cohen, otro de sus ídolos. Y para fusionar influencias tan dispares el sombrío joven cuenta con una herramienta definitiva: su voz. Un instrumento, por su parte también heteróclito, capaz de instalarse en la lentitud más sosegada como de transformarse en un impresionante falsetto técnicamente impecable del que, sin embargo, no llega nunca a abusar. Una voz que transforma Amir en una larga y emotiva narración, relato de aprendizaje que oscila entre la ensoñación (el folk esencial de Verses) y el lirismo, como en So It Goes, Each Time e Intervals, temas concebidos alrededor de una sección de cuerdas de matices arabizantes. Un disco Qobuzissime que, al hilo de las escuchas, se impone por su original y poderosa poesía. © Marc Zisman/Qobuz
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Alternativa & Indie - Publicado el 12 de octubre de 2018 | Kitsune Musique

Hi-Res Libreto Premios Qobuzissime
La historia de Parcels es una mezcla de sueño infantil y de bonita experiencia humana. Fundado hace solo cuatro años, "primer grupo de importancia" en el que toca cada uno de sus miembros, este quinteto adicto a la música y actitud de Steely Dan colocaba el cartel de completo ya en sus primeros conciertos en Byron Bay, paraíso surfista al este de Australia. Pero, incluso desde las antípodas, las noches berlinesas ejercen su encanto, así que se sintieron tentados a probar suerte en Europa. Una buena decisión: ese destacado enclave musical que es la capital germana les pone en el punto de mira del sello parisino Kitsuné. Y tras dos maxis donde demostraban su madurez, Thomas Bangalter les felicita y aconseja sobre su futuro al término de un concierto en París, produciendo unos meses más tarde su single Overnight.Adscritos por tanto a la etiqueta “protegidos de Daft Punk”, los australianos presentan un primer álbum con insistencia temática en lo colectivo –como simboliza el título del disco, Parcels–, una oleada pop-funk que parece un álbum de los Beatles con Nile Rodgers a la guitarra. Y cuando uno escucha estos doce cortes (tres de ellos convertidos a estas alturas en machacones singles, Tieduprightnow, Bemyself y Lightenup), se percata de que este grupo es precisamente eso, un grupo, sin fisuras, y de a que estos tipos les gusta mucho tocar juntos. Las letras de Lightenup han sido escritas, cómo no, de modo colectivo, una prueba más de que los Parcels tienen intención de prolongar su aventura en común bastante tiempo (o eso, o su vocalista no se lo tiene demasiado creído). Y mientras mantengan tal actitud no parece que nada pueda apartarles de su feliz trayecto por la autopista del éxito. © Smaël Bouaici/Qobuz
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Alternativa & Indie - Publicado el 31 de agosto de 2018 | Jazz Village

Hi-Res Libreto Premios 4F de Télérama - Qobuzissime
Morir hoy. Es lo que significa en lengua criolla mo jodi. Porque el título del primer disco de Delgres, impecable trío que erróneamente podría tomarse por unos Black Keys de las Antillas, resulta no poco indicativo…Su nombre, Delgres, es un homenaje a Louis Delgrès, coronel de infanteria abolicionista nacido en Saint-Pierre, célebre por sus proclamas en contra de la esclavitud y por su papel en la defensa de Guadelupe frente a las tropas napoleónicas, que querían restablecer la trata. Este Delgrès y sus 300 hombres, al verse superados por las tropas de Bonaparte, prefirieron saltar por los aires para mantenerse fieles a la divisa revolucionaria vivir libre o perecer… Pero este nombre cargado de historia no hace de la banda de Pascal Danaë, Baptiste Brondy y Rafgee uno de esos grupos «con exceso de mensaje». Delgres enarbola con orgullo, sí, su estandarte igualitario y los ideales asociados pero sin perder de vista que su misión es, antes que nada, confeccionar un rock garage sin concesiones que bebe en el blues primitivo, el soul más crudo y las sonoridades características de Nueva Orleans. Recurriendo al dobro, la batería y, sobre todo, al sousáfono, esa atípica tuba empleada precísamente por las bandas de metales carnavaleras en las Antillas y Nueva Orleans, el trío demuestra su originalidad. Las letras de Danaë, por otro lado, alternan con naturalidad el criollo y el inglés, algo normal teniendo en cuemta las influencias que, con gusto y sensibilidad, ha manejado a lo largo de una vida dedicada a la música (Rivière Noire, que en los Victoires de la Musique 2015 recibió el premio al mejor álbum de World Music, era un proyecto mayormente personal). El conjunto es todo un caleidoscopio estilístico, a imagen de la balada Séré mwen pli fo, cantada en dúo con Skye Edwards, de Morcheeba. Tanto en esos pasajes más movidos como en las secuencias nostálgicas y hechizantes, Mo Jodi nos habla de historia pero también de esperanza, tiende puentes entre continentes y siglos y se revela como el más gozoso periplo de rock’n’blues’n’soul que quepa imaginar. © Marc Zisman/Qobuz
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Alternativa & Indie - Publicado el 8 de junio de 2018 | Easy Eye Sound

Hi-Res Libreto Premios Qobuzissime
Después de recorrer la Costa Oeste con sus Clams, Shannon Shaw se fue a Nashville, como Dusty Springfield, en 1968. Como un guiño seguro a Dusty in Memphis, este primer álbum en solitario marca el comienzo de una emancipación. Shannon & The Clams son esta banda de Oakland, California, influenciada tanto por Primus como por Devo, Missing Person o Roy Orbison, que dominan el arte del disfraz, ruedan cortometrajes absurdos, invitan a los periodistas a sus exiguos cuartuchos y graban para Burger Records. Hacen poesía escrita de punk, rockabilly, doo-wop y garage. Aún más punk, más desaliñado: Hunx and His Hunx a los que Shannon se unió a petición de Seth Bogart. Sola, Shannon ofrece otro panorama.Su voz cascada se funde con el soul doo-wop de los grandes girl groups, Ronettes, Shirelles y Shangri-Las, ya en el germen de Onion con los Clams producido por Dan Auerbach. Y si además Shannon toca el bajo, siempre ocupa la plaza central. Fan de los Clamp, el cantante de Black Keys invitó a Shannon con una llamada telefónica a su estudio Easy Eye Sound. La rubia voluptuosa fue volando, con seis temas en el bolsillo, uniéndose a una camarilla de músicos súper cualificados, solo para alcanzar el destino que se le había prometido. Eran músicos de la vieja escuela que habían grabado con Aretha, Elvis o Dusty… suficiente para hacerla sonrojar. Para gritar por sus amores rotos y melancólicos, hace quebrar las costuras de su voz felina a la que tiñe con su carisma de gran cantante. Brillantes melodías de los años sesenta, arreglos cinematográficos con un toque James Bond, Auerbach ha esculpido un álbum a su medida. Clásico y con clase. Con ligeros toques de glockenspiel, vibráfonos y carillones y un dulce olor retro a moho. Dan ha hecho de su Phil Spector, ha aprovechado el genio de Shaw y revela a la diva. © Charlotte Saintoin / Qobuz