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¿Qué es un Qobuzissime? Es un premio otorgado por Qobuz para un primer o segundo álbum.

Pop o reggae, metal o clásico, jazz o blues, ningún género está excluido. A menudo, otorgamos este premio a un artista recién descubierto.

A veces, puede ser un álbum especialmente peculiar o que busca la alianza entre géneros musicales.

Los aspectos importantes son la sinceridad, la originalidad y, desde luego, la calidad. Buscamos todas estas cualidades en el concepto musical y en el sonido.





Los álbumes

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Alternativa & Indie - Publicado el 7 de mayo de 2021 | Third Man Records LLC

Hi-Res Premios Qobuzissime
Con este primer álbum en solitario, escrito, interpretado, grabado y producido casi en solitario, Natalie Bergman ha querido compartir su mundo tan personal. Porque Mercy es un universo en sí mismo. Doce canciones singulares y espirituales sobre la muerte y la resurrección, acompañadas por su versátil voz y un toque vintage que parece que nos habla desde una época pasada... Natalie Bergman pasó una década cantando con su hermano Elliot en Wild Belle, un dúo afincado en Los Ángeles con predilección por el pop, el reggae, el ska y la psicodelia. Pero esa vida se desmoronó el día en que sus padres murieron en un accidente provocado por un conductor ebrio. Criada con una fuerte fe, Natalie decidió retirarse a un monasterio en el valle de Chama, en Nuevo México. Y ahí nació Mercy, un disco catártico envuelto en la esencia de la música gospel, que ella cree que es la verdadera fuente del rock’n’roll. Una obra única y eterna que subraya su visión de la música, que considera sagrada y curativa. “Mi fe y mi música son esenciales para mi existencia. En este álbum canto mucho sobre lo que considero ‘hogar’. Mi paraíso, mi cielo. Creer en la existencia de ese lugar ha sido mi mayor consuelo. Tenía la necesidad de saber que mi padre estaba allí. Su repentina muerte hizo que mi mente se convirtiera en un caos. La música gospel me da esperanza. Es la buena noticia. Es ejemplar. Es un vehículo de la verdad. Puede mantenerte vivo. Este álbum me dio la esperanza de poder volver a la vida por mí misma.”Un fascinante retorno a lo vivo, pues, a través de una música gospel que nunca se desvía hacia el fanatismo, y que de hecho va más allá de la fe. Mercy es una obra aromatizada con una gran cultura musical: los sonidos y la instrumentación de este álbum deben tanto al rock de los años 50 como al soul de los 60 o a la highlife de la África occidental. No es de extrañar que Natalie Bergman creciera en una casa donde sonaban discos de Dylan y Etta James... pero también de Pharoah Sanders, Lou Reed, Alton Ellis y Lucinda Williams. Y también es lógico que un músico culto como Jack White la haya elegido para su sello Third Man Records, un sello con excelente gusto, donde otros músicos tampoco desdeñan inspirarse en el pasado... La muerte cambió su vida, su música puede cambiar la nuestra: Natalie Bergman es un regalo del cielo. © Marc Zisman/Qobuz
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Jazz contemporáneo - Publicado el 30 de abril de 2021 | WM Germany

Hi-Res Libreto Premios Qobuzissime
En un mundo en el que todo se tiende a simplificar, Isfar Sarabski podría ser apodado el “Tigran de Azerbaiyán”. Pero el pianista de Bakú es más que una copia de su colega armenio. Por supuesto, también viene de Oriente Próximo. Desde luego, no sólo escucha jazz. Y, ciertamente, la música folclórica de sus antepasados también se encuentra en la suya... Pero Isfar Sarabski es simplemente Isfar Sarabski. Su primer álbum, Planet (¡Qobuzissime!), cautiva por su jazz puro y profundo. Con su propio enfoque de la improvisación y con la característica interacción que Sarabski desarrolla con sus destacados compañeros de aventura (dos estrellas americanas, el baterista Mark Guiliana y el bajista Alan Hampton). Este pianista de treinta años, alumno del prestigioso Berklee College of Music y ganador del Concurso Internacional del Festival de Jazz de Montreux en 2009, probablemente haya tomado prestado algo de la forma de tocar el piano de Brad Mehldau, pero de vez en cuando también se adentra en el enfoque minimalista de la música de Nils Frahm, Max Richter u Ólafur Arnalds, y la participación del Main Strings Ensemble y el Baku Strings Quartet refuerza esta impresión. Además, Isfar Sarabski tiene un fuerte sentido de la narrativa y un gran respeto por la tradición del mugham (una mezcla de jazz y música tradicional azerbaiyana); los invitados son The Edge y Novruz Shahriyar Imanov, intérprete del laúd de cuello largo, tar, típico de la música azerbaiyana. Lo más destacado es probablemente la interpretación de Isfar Sarabski de un aria del Lago de los cisnes de Tchaikovsky, que también se encuentra en este primer trabajo. Dejamos el Planet de Sarabski con el deseo de volver a él cuanto antes. Sobre todo porque este hermoso álbum acústico no ofrece toda la gama de su autor, que también pasa su tiempo libre jugando con la electrónica... © Marc Zisman/Qobuz
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Funk - Publicado el 26 de marzo de 2021 | Brownswood Recordings

Hi-Res Premios Qobuzissime
¡Súbase a la máquina del tiempo! Con STR4TA, se han unido dos viejas glorias del groove del otro lado del Canal de la Mancha para recoger la antorcha del funk británico de los 80 (nos acordamos de Beggar & Co, Light of the World, Lynx, Atmosfear, Hi-Tension, Freeez o Shakatak) y el acid-jazz de los 90: el guitarrista londinense nacido en Islas Mauricio Jean-Paul “Bluey” Maunick y el franco-británico Gilles Peterson, DJ, productor y jefe de los sellos Acid Jazz, Talkin’ Loud y Brownswood. Es imposible hablar de su proyecto STR4TA sin recordar a la banda Incognito que, desde 1980, ha estado representando lo mejor del soul británico, una auténtica máquina de crear groove, con sus increíbles metales, sus coros gamberros en traje de noche y, sobre todo, sus inolvidables melodías. Al timón de este crucero por el mar del soul, Bluey aporta baladas dulces pero nunca empalagosas, o sensuales himnos para la pista de baile. El oído funky de este excelente guitarrista es tal que grandes nombres como Chaka Khan y George Benson (su ídolo) le invitaron a algunas producciones y sesiones.A principios de los años 90, Gilles Peterson sacudió Inglaterra con ese soul con componentes de jazz y R&B bautizado como acid-jazz. Un periodo de gloria para bandas como Brand New Heavies, Galliano, Young Disciples, Jamiroquai e Incognito, que acabaron bajo el ala del sello Talkin’ Loud. Toda una escena que imaginaba mezclar las atmósferas y la música de Curtis Mayfield con las de Gil Scott-Heron, o las de Roy Ayers con las de Stevie Wonder. Esto, en el caso de Incognito, con la ayuda de las voces de algunas diosas del soul como Jocelyn Brown, Carleen Anderson, Maysa y Sarah Brown... En 2021, STR4TA retoma esta herencia, junto con su ADN, añadiendo una dosis de smooth jazz, algunos temas dignos de las mejores bandas sonoras de Blaxploitation, un toque de funk irreprimible y, sobre todo, con una producción más moderna. En el estudio de Gilles y JP, encontramos un desfile de virtuosos del groove, la mayoría de ellos ex-Incognito, como los bajistas Randy Hope-Taylor y Francis Hylton, los teclistas Matt Cooper y Ski Oakenfull, el batería Pete Ray Biggin, el saxofonista Paul Booth y el percusionista Francesco Mendolia. En su nuevo álbum, titulado Aspects, cada uno de ellos se entrega a una sincera alegría de tocar, lo que da al disco una sensación de directo que hace que esta música sea aún más hedonista. Con un slap de bajo funky, sintetizadores vintage y una percusión quirúrgicamente precisa que lo une todo, el proyecto STR4TA lo tiene todo para incendiar las pistas de baile y hacer que nos movamos. © Marc Zisman/Qobuz
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Alternativa & Indie - Publicado el 19 de febrero de 2021 | Lonely Lands Records

Hi-Res Premios Qobuzissime
Detrás de la portada de Terra Firma, con sus imágenes casi místicas, dignas de un grupo de rock progresivo de los años 70, se esconde el inclasificable segundo álbum de Tash Sultana. La australiana empezó a tocar música muy pronto, y por su cuenta. A los tres años, su padre le regaló su primera guitarra. De adolescente, actuó como artista callejera en su Melbourne natal. Pero en 2016, Natasha Sultana consiguió con su música arrasar en todo el mundo, superando los 70 millones de visualizaciones en las redes sociales con el tema Jungle, fruto de sus sesiones de alcoba difundidas en YouTube; es un tema que quedó en tercer lugar en la codiciada lista Hottest 100 de Triple J. Tras unos cuantos EPs, en el verano de 2018 publicaría su primer álbum en su propio sello independiente, Lonely Lands Records. Flow State es un patchwork de pop-soul como el de sus primeros tiempos, y en el que Tash toca todos los instrumentos (domina una veintena de ellos) utilizando loops y los efectos de su característica pedalera. Desde entonces, llena estadios y portadas de revistas, como la Rolling Stone, en la que habla de la Stratocaster TC Signature que le dedicó Fender.“Terra Firma es el sol, la tierra, poner los pies en ella para recordar dónde estamos, de dónde venimos”, dice la mujer que pretende convertir su deslumbrante éxito en una carrera a largo plazo. Tash Sultana también se encargó personalmente de los arreglos y de parte de la producción, que dirigió junto a Matt Corby. Y eso se nota ya desde el instrumental Musk, que con sus brillantes guitarras, su saxo “groovy” y su pegadizo bajo abre un álbum de 14 temas que oscilan entre el soul, el R’n’B, el funk, el folk y el pop ligero, en los que pone su voz a la manera de Erykah Badu y entre los que destacan los fascinantes Pretty Lady y Sweet & Dandy. Para llegar a esta mezcla tan rica, equilibrada, hipnótica pero nunca redundante, que ella describe como “un encuentro entre Aretha Franklin, Bon Iver y John Mayer”, Tash colaboró también con el rapero Jerome Farah (en Willow Tree) y con Josh Cashman (en Dream My Life Away), ambos de Melbourne. Un verdadero golpe maestro con sólo 25 años. © Charlotte Saintoin/Qobuz
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R&B - Publicado el 29 de enero de 2021 | Transgressive

Hi-Res Premios 4F de Télérama - Qobuzissime
La voz de una generación. Se decía de Bob Dylan, que no quería ni oír hablar de eso... Anaïs Oluwatoyin Estelle Marinho –aka Arlo Parks– reaccionó de la misma manera cuando fue etiquetada como portavoz de la Generación Z (los nacidos entre 1997 y 2010) tras su EP de 2019, Super Sad Generation. Una vez que dejamos de lado este guiño del marketing, podemos disfrutar sin más distracciones de Collapsed in Sunbeams, su brillante álbum de debut, donde la artista se mueve entre el R’n’B vaporoso, el pop ligero y el neo trip-hop. Probablemente estemos ante el álbum más profundo del inicio de 2021... Antes de escribir canciones, esta cantante londinense nacida en Chad y con raíces francesas y nigerianas escribía sobre todo poesía. Como gran admiradora de Sylvia Plath, Ginsberg y Nabokov, se sintió rápidamente atraída por la escritura, con una gran pasión por contar historias –a menudo personales– incluso antes de ponerles música. Con Collapsed in Sunbeams (un título extrapolado de las páginas de la novela Beauty de Zadie Smith), Arlo Parks enfatiza esta pasión literaria, transfigurándola completamente en música. Y consigue tratar temas como la separación sentimental (Caroline), el amor no correspondido (Eugene) o el alcoholismo (Hurt), con una delicadeza e inteligencia poco comunes. Sus melodías agridulces acompañan a unas letras a menudo melancólicas, a veces tristes, con una energía visceralmente pop. Un tira y afloja apoyado en una voz hipnótica que recuerda a la de la antigua colaboradora de Tricky, Martina Topley-Bird, así como a la de Lily Allen o la de Jorja Smith. Con sólo 20 años, Arlo Parks no está de paso. Probablemente estará en el punto de mira durante muchos años. Una verdadera revelación. © Marc Zisman/Qobuz
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Alternativa & Indie - Publicado el 29 de enero de 2021 | City Slang

Hi-Res Premios Qobuzissime
A estas alturas, parece casi un dato estadístico: cada diez años, una cantante británica llamada Anna lanza su álbum de debut, que marca una época. En 2011, fue Anna Calvi. En 2021, es Anna B Savage. Cantante underground, auténtica como pocas, apareció por primera vez en 2015 con un EP bastante reservado, al que siguieron algunos conciertos. No son muchos los que la vieron en concierto, en aquella época en la que aún se celebraban conciertos. Pero los que estuvieron allí lo recuerdan bien. Con su guitarra extrañamente afinada, como para tocar un blues medieval, y su voz esquiva, como si más de una persona cantara dentro de ella, Anna B Savage embrujó a un pequeño público, apasionado por ese tipo de música que se diferenciaba de todas las demás. Hija natural de Cat Power, Anna B Savage desprende un extraño malestar que, escondido tras una guitarra, también puede llegar a ser sensual, intenso y deseable. A Common Turn es su primer álbum, y es como una poción mágica, un unicornio musical. Sobre una base de folk retorcido, la artista construye canciones que parecen venir de muy lejos, tras un viaje por el espacio-tiempo musical. Dependiendo de las referencias personales de cada uno, el oyente puede escuchar en su voz y en sus melodías ecos de Beth Gibbons (Portishead), Antony & the Johnsons, Nico, Connie Converse, Dionne Warwick o cantantes de jazz del pasado. Pero A Common Turn no es un disco fácil de descifrar, ni sencillo en sí mismo. Los arreglos abarcan desde coros hasta ritmos bailables, al son de esa guitarra marcada por el tiempo. Incluso cuando su música se inclina hacia la grandilocuencia, Anna B Savage sigue siendo frágil, incierta, equilibrada, errática, como si buscara su camino a través de sus propias canciones. Nos recuerda a una Blancanieves corriendo por un oscuro bosque de árboles enmarañados y ominosos, o esperando el beso del príncipe en su sueño envenenado. Y, a su lado, todos los demás son como enanos. © Stéphane Deschamps/Qobuz
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Downtempo - Publicado el 29 de enero de 2021 | Wonderwheel Recordings

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Hace ya tres o cuatro años que Jean Dasso (alias Yeahman) está en escena. Primero fue con sus noches de bass music/tropical “Ghetto Sonido” en Toulouse, y luego, en 2017, con el tema Miniyamba (con las persuasivas voces de las cantantes Mina Shankha y Hajna), que ayudó a despertar el interés de Wonderwheel Recordings. Encabezado por DJ Nickodemus, este sello con sede en Brooklyn (que incluye a grandes nombres del circuito “global bass” como Quantic, Chancha Via Circuito, DJ Khalab o El Búho) ofreció a Yeahman publicar su primer LP, que él, haciendo honor a su imagen de aventurero, fue a grabar a Dakar, Nápoles, Marsella y Toulouse.Y, desde el mismo inicio del álbum, el francés demuestra su carácter distintivo, con la cautivadora y ensoñadora samba Deelahli, en la que escuchamos la voz casi difusa de Mina Shankha, seguida de la suavísima Baixi Baixi, en la que aparecen las dos hermanas portuguesas de Aluna Project a ritmo de charango y dembow. Pero a Yeahman también le gustan los ritmos más cuadrados, como en Soupe Feu y sus muestras de cuerdas, en Sakoneta (con su kora, hecha en Dakar) o en GLI-F4, todo ello apoyado en un ritmo house aterciopelado e hipnótico. Encontramos de nuevo a Mina Shankha y a Hajna en una versión del clásico de la cumbia peruana Cariñito, o a Omar Zidia, cantante y guitarrista del grupo tuareg Ezza en Ouloullou. Por último, cerramos este viaje Qobuzissime en el Ostriconi (una región paradisíaca de Córcega) con Lecce 74 y la folktrónica del productor inglés Robin Perkins, alias El Búho. © Smaël Bouaici/Qobuz
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Blues - Publicado el 8 de enero de 2021 | Dead Oceans

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¿Era mejor la música soul en el pasado? ¡Claramente no! Esta respuesta nos la confirma el primer álbum de Aaron Frazer. Antiguo baterista y segundo vocalista de Durand Jones & the Indications, este joven soul brother de Baltimore y residente en Brooklyn lanza ahora su carrera en solitario con Introducing..., un trabajo impecable con sabor vintage (pero no demasiado), confiado a las manos del omnipresente Dan Auerbach. En el Easy Eye Sound Studio de Nashville – la guarida de los Black Keys –, el falsete celestial de Frazer, tan influenciado por Smokey Robinson y Curtis Mayfield, resuena a la perfección. Consciente y apasionado como todos los grandes cantantes de soul de los años 50 y 60, hace fantásticos malabares tanto con canciones de amor puro como con temas comprometidos, todo ello con una facilidad desconcertante. Su voz suave es como un susurro divino, moderno y al mismo tiempo intemporal. Como el elenco transgeneracional que lo acompaña, compuesto por viejas glorias como los Memphis Boys  – grandes músicos que firmaron Son of A Preacher Man de Dusty Springfield y (You Make Me Feel Like) A Natural Woman de Aretha Franklin –, y los jóvenes virtuosos de la escudería de Daptone - Big Crown Records... Gospel, doo-wop, funk y soul norteño (con Over You y su adictivo ritmo up-tempo), Frazer incluso evoca los espíritus de Marvin Gaye y de Gil Scott-Heron en la persuasiva y funky Bad News. Frazer conoce y domina los clásicos sin llegar a ser nostálgico. Y su magnífico Introducing... es a todos los efectos un álbum de 2021, no de 1961. Como sus contemporáneos Mayer Hawthorne o Curtis Harding, Aaron Frazer logra trasladar a nuestro tiempo su pasión por la gran música del pasado. Sabe que la belleza del soul reside en el hecho de que es una música que puede llorar contigo, regocijarse contigo, mientras te hace querer bailar o ser más consciente del mundo que te rodea. Ya sea 1961 o 2021. © Marc Zisman/Qobuz
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House - Publicado el 11 de diciembre de 2020 | Happiness Therapy

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El nombre del canadiense Jesse Bru se escuchó por primera vez en Europa en 2012, después de que el sello parisino Karat, dirigido por los DJs y distribuidores de discos Alex y Laëtitia Katapult, se pusiera en marcha gracias a su proyecto micro-house Hot Keys (en el que estaba trabajando en ese momento con su compatriota Ryan Trann). Al año siguiente, el productor de Vancouver causó un gran alboroto con el éxito de club Psychedelic Brain Paint, extraído de su primer EP, Changing for You. La gente descubrió un eufórico house lo-fi que recordaba al del Motor City Drum Ensemble y a sampleos con multitudes enloquecidas y una Janis Joplin rezando (Work Me Lord, versión Woodstock). En ese momento, Jesse Bru se unió al mundo de los DJs cuyas reputaciones suben sin parar. En el camino, por supuesto, terminó en Berlín, donde, para el deleite de todos, lanzó EP tras EP sin tomarse la más mínima pausa. Hace dos años, este trabajo de cadena de montaje le dejó muy agotado, así que volvió a Vancouver e hizo un balance, pensando en algo así como un primer álbumDe hecho, el canadiense ya había lanzado un LP, Mid City (digital, 2012), pero su plan era más bien una colección completa de temas para un álbum. Con The Coast, Jesse Bru finalmente nos proporciona la oportunidad de saborear su música de verdad, ya que sus 15 temas están llenos de pequeñas ideas y grandes delicias. El antiguo productor de hip-hop, que adquirió el gusto por la música electrónica después de un desvío por Montreal, sigue siendo aquí el antiguo Jesse Bru, tan aficionado al sampling. Se autocita cada vez más a menudo, y el oyente descubre el patchwork que le ayudó a triunfar: todo ese surtido de timbres cálidos y house con la variante soul neoyorquina funciona como un denominador común. El resultado son verdaderos pequeños tesoros como All Day Bae et Workin (Should Be Livin) – y luego añade toques de garage UK (Life’s Alright), de techno (Lucid Dreaming), de jazz o de drum’n’bass, como en Cmwtme, un tema celestial con la combinación de trompeta y Amen break. Un homenaje a los noventa abiertamente admitido: “Me gusta mucho el electro, los breaks, el techno y el jungle, y la música muy, muy conmovedora”, explica Jesse Bru, y subraya lo liberador que es este álbum para él. “Sentí que hacía lo mismo todo el tiempo, EP tras EP, sólo para poder estar en el escenario”. Con un álbum de este nivel, casi dan ganas de encerrar a Jesse Bru en el estudio… © Smaël Bouaici/Qobuz
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Alternativa & Indie - Publicado el 20 de noviembre de 2020 | Licence Kuroneko - Sodasound

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Metal - Publicado el 20 de noviembre de 2020 | Nuclear Blast

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Erlend Hjelvik, el antiguo líder de los brillantes Kvelertak, y dos años después de su separación de la banda noruega, vuelve a escena con su primer álbum en solitario. Con su tercer álbum (Nattesferd, en 2016), la banda de Stavanger ya había producido un trabajo más anclado en las raíces del heavy y el black metal (queridas por Hjelvik), a expensas de las influencias punk que habían sido la seña de identidad del grupo. Se podría decir que la grieta comenzó en ese mismo momento. Con este nuevo Welcome To Hel, Erlend Hjelvik hace que su voz se escuche de nuevo, después de cuatro años de ausencia de los estudios de grabación. Fuertemente inspirada en el folclore vikingo, esta primera aventura en solitario es épica, impresionante, y sobre todo excelentemente compuesta. En este álbum, el heavy metal mezclado con influencias doom y black nos lleva directamente al tercer trabajo de Kvelertak, pero con una voluntad más evidente y decidida.Desde las primeras notas de Father War, cae sobre nosotros a un ritmo frenético una carga de soldados sedientos de sangre. La intención del álbum es clara: mezclando las influencias mencionadas con el thrash y el rock’n’roll, Hjelvik quiere ofrecernos un manifiesto magistralmente elaborado, lleno de momentos generosos tanto en técnica como en detalles impresionantes. Sin embargo, el músico no olvida lo que hace mejor, y piensa en las multitudes que tendrá que domar cuando empiece a recorrer el mundo de nuevo. Detrás de esta gama de habilidades técnicas se encuentra una verdadera sensibilidad a las melodías pegadizas, que los fans estarán encantados de corear desde abajo. Todo lo que podemos hacer es inclinarnos cuando nos llegan temas como Glory of Hel, Kveldulv o North Star. Una mención especial merecen los dos invitados del álbum: Matt Pike (Sleep / High on Fire) y Mike Scalzi (Slough Feg), que añaden otra dosis más de testosterona, ¡como si no fuera suficiente ya!Inspirado y de fácil acceso, este álbum es un verdadero manifiesto de guerra, un increíble viaje a un universo que Hjelvik domina de principio a fin. Manejando influencias como pocos saben hacer, y con su rock’n’roll rush teñido de heavy, black, doom y thrash, Welcome To Hel se destaca como uno de los grandes álbumes de metal del año. © Maxime Archambaud/Qobuz
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Clásica - Publicado el 16 de octubre de 2020 | Warner Classics

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"Vieux pays merveilleux des contes de nourrice" ("Hermosa y antigua tierra de cuentos de nodrizas"): estas pocas palabras son suficientes para evocar nuestros recuerdos de la maravillosa interpretación de Régine Crespin de la Scheherazade de Ravel. Especialmente en términos de timbre, ya que la voz de la soprano egipcia Fatma Said, intérprete en este nuevo álbum, irradia colores igualmente cálidos y oscuros. Said también nos fascina por su ejemplar dicción, en la que no sólo cada palabra es claramente comprensible, sino que cada nota le da color a la palabra, haciendo así tangible la impresión creada por dicha palabra en términos de sonido. No hay duda de que esta cantante, musicalmente muy versátil – y que sin duda está familiarizada con el gran arte de Régine Crespin – encontraría un abanico aún más amplio de posibilidades expresivas en una versión orquestal, ya que de vez en cuando se crea la impresión de que la maravillosa sonoridad y precisión de Malcolm Martineau al tocar el piano la ralentiza un poco.El programa nos lleva después a España, donde Martineau es reemplazado por el sutil toque de Rafael Aguirre a la guitarra. En las dos piezas de Falla se muestran otros aspectos del arte vocal de Fatma Said, y ante todo una extraordinaria agilidad y ligereza. Su canto se convierte en una caricia. En la Canción de Marinela de José Serrano, su voz se condensa y crea unos momentos inolvidables de tierna sensualidad. Pensamos que si un día Fatma Said asumiera uno de los grandes papeles en una zarzuela española... ¡sería simplemente divina! En las tres canciones tomadas de la colección 13 Canciones españolas antiguas de Federico García Lorca, Said es sorprendentemente discreta, con una noble elegancia, incluso en los sensuales arabescos de la Nana de Sevilla. Una transición ideal para llegar al siguiente bloque, la música “árabe”.Descubrimos aquí, por ejemplo, una hermosa canción del egipcio Gamal Abdel-Rahim (1924-1988), así como la magnífica Adieux de l’hôtesse arabe de Bizet, en la que Burcu Karadağ toca el ney (una especie de flauta de lengüeta) e improvisa en torno a la voz cantante. Las últimas cuatro pistas ofrecen estándares egipcios y libaneses en una atmósfera “jazzística” y nostálgica, grabados en la Iglesia de Dahlem de Berlín. Un encantador álbum Qobuzissime, lleno de emociones abrumadoras. © Pierre-Yves Lascar/Qobuz
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Alternativa & Indie - Publicado el 2 de octubre de 2020 | Heavenly Recordings

Hi-Res Premios 4F de Télérama - Qobuzissime
Angulosa, árida e intransigente, la impresionante escena neo-post punk que está agitando el Reino Unido llega hasta la pista de baile gracias a Working Men’s Club. Con su álbum debut homónimo, el joven cuarteto de Todmorden – 25 kilómetros al norte de Manchester – recoge las cartas que antes jugaban New Order (en el período de Power, Corruption & Lies), The Fall, Human League, Gang of Four e incluso D.A.F. y Suicide. Recién cumplidos los 18 años, el líder de WMC, Sydney Minsky-Sargeant, prepara la escena. “Todmorden, no hay mucho que puedas allí como adolescente. La ciudad está bastante aislada. Y puede ser bastante deprimente vivir en un lugar donde, en invierno, es de día a las 9 de la mañana y de noche a las 4 de la tarde.” Así que parece muy lógico que estos protegidos de los locos Fat White Family actúen como mocosos. Como uno de esos tipos que lanzan furiosamente sintetizadores, guitarras y baterías por sus habitaciones hasta que estalla el caos. Sus letras son más rugidas que cantadas, pero el incansable groove, los riffs de guitarra y los bajos contundentes proporcionan el movimiento apropiado sin que surja la necesidad de hacerse más preguntas. Así que es casi imposible controlar el cuerpo, que se siente invitado a entrar en el ritmo de esta fascinante sinfonía de joven electro-acid-rock, que a veces recuerda a los primeros días de los LCD Soundsystem. El Working Men’s Club se pone camisetas con el logo “Socialismo”, bautiza una de sus canciones como John Cooper Clarke (como el aún adorado poeta punk) y pone fin al cielo gris de Yorkshire bajo el cual habían visto la luz del día. A veces Sydney Minsky-Sargeant se relaja un poco y muestra un lado casi hedonista, al estilo new wave (Outside). Pero cuando está nervioso, entonces el electro-funk mezclado con disco-punk envuelve toda su alma (Teeth). Este álbum de debut aturde un poco, y gracias a la compacta y sobria producción de Ross Orton (The Fall, M.I.A, Arctic Monkeys) adquiere proporciones impresionantes. No hay duda: ¡Working Men’s Club es ya un nombre para tener muy presente! © Marc Zisman/Qobuz
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R&B - Publicado el 2 de octubre de 2020 | Haliblue Records

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Con Goldress, su primer EP lanzado en 2019, Alban e Yvan Murenzi – alias YellowStraps – ya habían mostrado un nivel muy alto. Incluso la imagen de cubierta era particular: los dos hermanos posaron como colegiales bien educados, directamente en sus overoles, con sus cabezas envueltas en una especie de capucha de satén dorado. Y, por supuesto, ahí estaban los ocho temas: bien construidos y bien pensados y rebosantes de neo-soul, en la línea de los Maverick Sabre, Daniel Caesar o King Krule, en el estilo de la pululante nueva escena soul británica que, liderada por Jordan Rakei, fue capaz de combinar nu soul, chill y jazz con refinamiento y precisión. Demostrar una madurez tan grande a una edad tan temprana es algo raro. Pero hay que decir que los dos hermanos, que se criaron en Uganda pero pronto llegaron a Bélgica, llevan mucho tiempo en la escena de Bruselas – junto con Roméo Elvis y el renombrado productor Le Motel – y ya han tenido varias satisfacciones.El confinamiento de la primavera de 2020 fue para ellos más una inspiración que un obstáculo, y de hecho se impusieron componer una canción al día, multiplicando sus colaboraciones a distancia. Un reto ganado, sin duda, sobre todo porque los dieciséis temas del Yellockdown Project contienen verdaderos tesoros, con invitados de diferentes ambientes musicales pero bien arraigados en la vanguardia del neo-soul y el rap. Por ejemplo, podemos encontrar a los parisinos Crayon y Lord Esperanza, o al californiano Jae Luna. Este trabajo amplía el rango de posibilidades y lleva este tipo de mezcla sonora a un nivel superior. Nótese que, en comparación con Goldress, los hermanos Murenzi han decidido usar también el idioma francés, como en Raison, Visage, Frissons y Si tu savais. Este álbum Qobuzissime es una verdadera joya que revela un enorme potencial, que devuelve a Bélgica y su próspera escena al tablero musical. © Charlotte Saintoin/Qobuz
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Pop - Publicado el 25 de septiembre de 2020 | Capitane Records

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Detrás de un nombre muy común, Nicholas Michaux escribe y produce canciones enormemente originales. Tras la disolución de su banda “Été 67”, Michaux inició una carrera en solitario, publicando À la vie, à la mort en Tôt ou Tard Records. En su último trabajo, Amour Colère, publicado por Capitane Records, continúa desarrollando su visión sentimental de la vida cotidiana. Como en Cancer, donde el músico de origen belga – que divide sus experiencias vitales entre Bruselas y la isla danesa de Samsø – juega con un lenguaje inteligente para abordar el delicado tema de la enfermedad. Con su escritura en parte en inglés y en parte en francés, el cantante salta poéticamente entre ambos idiomas. Su estilo vocal melancólico, introvertido y siempre honesto recuerda a la nostálgica y tranquilizadora voz de Alain Bashung. Tan ecléctico como homogéneo, este disco mezcla la clásica “chanson” francesa (A nouveau) con el pop romántico (Amour Colère, Nos retrouvailles), el post punk romántico (Every Word, Harvesters) e incluso el glam rock (Factory)… La producción es básica y tal vez no ofrezca el refinamiento de la música pop moderna, pero esto no le resta un ápice de calidad. Al contrario: este álbum resulta bellamente inquietante, sus versos son magistralmente poéticos y sus coros son dulces pero llenos de fuerza. Es realmente un placer poder escuchar un lenguaje musical tan refinado y culto. ¡Estamos ante una verdadera joya! © Charlotte Saintoin/Qobuz
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Música de cámara - Publicado el 25 de septiembre de 2020 | Passacaille

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El Richter Ensemble interpreta música de los siglos XVII hasta el XX exclusivamente con cuerdas de tripa, y utiliza su experiencia en la práctica de la interpretación histórica para aumentar el sentido del desarrollo del lenguaje musical a lo largo de los siglos. El conjunto se dedica con especial predilección a la música de la Segunda Escuela de Viena y, basándose en sus investigaciones, ha decidido dirigir la percepción de esta música hacia una nueva dirección, en el sentido de redescubrir y recuperar no sólo su modernidad, sino también sus evidentes conexiones con el pasado. De ahí que el Richter Ensemble haya iniciado un proyecto para grabar todos los cuartetos de cuerda de la Segunda Escuela de Viena, situarlas en un contexto histórico y combinarlas con obras insólitas de otros compositores. Su primera producción se llama Vienna 1905-1910, y en ella aparecen músicas de Webern, Schönberg y Berg: Langsamer Satz de Webern, Cuarteto de cuerdas nº 2 de Schönberg con mezzosoprano (¡como se pretendía originalmente!) y el Opus 3 de Berg. Este enfoque captura una paleta de sonidos completamente diferente y revela un lenguaje y matices románticos que con frecuencia son descuidados por los cuartetos modernos con sus cuerdas metálicas. Como resultado, el acceso del oyente a estas obras resulta menos difícil... © Passacaille
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Jazz - Publicado el 11 de septiembre de 2020 | Blue Note Records

Hi-Res Premios Qobuzissime
Las súper bandas son a veces súper comerciales y súper poco interesantes. Lo opuesto al primer álbum de Artemis, publicado por Blue Note. Detrás del nombre de la diosa de la naturaleza, la caza y el parto hay siete intérpretes femeninas procedentes de todo el mundo. Todas ellas son verdaderas grandes del jazz contemporáneo. A la cabeza de este reparto multigeneracional está la pianista canadiense y directora musical del proyecto Renee Rosnes, que ha reunido a la clarinetista israelí Anat Cohen, a la saxofonista chilena Melissa Aldana, a la trompetista canadiense Ingrid Jensen, a la contrabajista japonesa Noriko Ueda, a la baterista estadounidense Allison Miller y, en dos temas, a la cantante franco-estadounidense Cécile McLorin Salvant. “Cada miembro de Artemis es una persona única, y eso es lo que necesita una banda, diversidad”, dice Cohen. “Son estas personalidades diferentes las que hacen la vida interesante y la música fascinante.” La identidad de la banda surgió de forma orgánica, no calculada. Porque Artemis reúne a siete líderes, cada una con su propia visión y perspectiva, pero tocando juntas con un concepto unificado a lo largo del álbum. Para Jensen, a quien se le ocurrió el nombre del septeto, “el carácter de la diosa griega Artemisa es indicativo de las energías y la amplia gama de tapices musicales que nuestro grupo lleva al escenario.” Este es el éxito de un álbum que se centra en la unión natural. El álbum está lleno de relieves con composiciones mayoritariamente originales, pero también presenta versiones eclécticas de The Fool on the Hill de los Beatles, el olvidado éxito de los 40 Cry, Buttercup, Cry popularizado por Maxine Sullivan, el estándar The Sidewinder de Lee Morgan y If It’s Magic de Stevie Wonder. Los arreglos de la experta Renee Rosnes están ahí para soldar cada voz. Ninguna de estas siete amazonas se eleva por encima de las demás. Y aunque la voluntad de fundar una banda exclusivamente femenina es un fuerte mensaje en un planeta jazz dominado por los hombres, saboreamos la belleza y la inteligencia de esta música sin pensar particularmente en el género de quienes la interpretan. © Marc Zisman/Qobuz
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Hip-Hop/Rap - Publicado el 11 de septiembre de 2020 | 911

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Jazz - Publicado el 21 de agosto de 2020 | Concord Jazz

Hi-Res Premios Pitchfork: Best New Music - Qobuzissime
En el momento en que sale su verdadero primer álbum en solitario, Nubya Garcia ya se halla sumergida en alabanzas, laureles, premios, proyectos y múltiples colaboraciones. Esta londinense de 29 años es sin duda una de las principales figuras de la nueva escena del jazz inglés, y su colorido y bien articulado saxofón ya ha sonado en numerosas grabaciones, como las de los grupos Nérija y Maisha, o en gran parte de We Out Here (2018), la emblemática compilación del sello Brownswood de Gilles Peterson, que reúne a los grandes nombres de esta nueva generación. Con algunos de estos protagonistas, Garcia ha grabado ahora este Source. Ahí están Joe Armon-Jones (teclados), Daniel Casimir (bajo) o Sam Jones (batería), equipo con el que Garcia se ha asegurado estar bien equipada para llevar su música más allá de las fronteras del jazz contemporáneo y también del jazz del Reino Unido. Los sonidos caribeños, africanos e incluso urbanos aparecen tanto en el ritmo como en la melodía: una fusión que suele estar presente en los álbumes actuales de jazz británicos, pero a la que ella pone su toque especial. La influencia de Herbie Hancock (periodo Headhunters, en los principios de Columbia Records) a veces no parece estar lejos (Inner Game, The Message Continues)… Una sensación amplificada por el toque funky aportado por ese mago del órgano y del sintetizador que es Joe Armon-Jones.Pero Nubya Garcia busca también otros sonidos y paisajes. En la pista que da título al álbum, Source, el dub es claramente central. Con Together is a Beautiful Place To Be, la artista despliega todo su delicada sensualidad soul y R&B. Stand With Each Other se mueve entre ritmos nyabinghi. En cuanto a La cumbia me está llamando, el mismo título no deja dudas sobre sus influencias... Todas las secuencias dibujan el retrato de una mujer firmemente anclada en su tiempo, una artista en armonía con sus raíces y su historia personal y que pone el sentido de lo colectivo en el centro de su reflexión. Para ello, ha invitado a otros músicos como Richie Sievwright, Cassie Kinoshi y Sheila Maurice-Grey del grupo Kokoroko, a los colombianos de La Perla (para La cumbia me está llamando) y a la cantante de Chicago Akenya Seymour (Boundless Beings). Con este álbum Qobuzissime, Nubya Garcia logra sobre todo empujar un poco más, o incluso derribar, los muros que intentarían encerrar el jazz en una especie de gueto. © Marc Zisman/Qobuz
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Punk - New Wave - Publicado el 3 de julio de 2020 | Duchess Box Records

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Unos pocos segundos de Freier Geist son suficientes para que Sofía Portanet nos traslade de 2020 a 1980. Con su álbum de debut, la cantante alemana, que en esa época aún no vivía –nació a finales de 1989– firma una obra que reaviva la llama de la Neue Deutsche Welle. Era una época en la que Nina Hagen reinaba sobre la Europa de la new wave y el post-punk con locura y energía, y en la que Kraftwerk ampliaba enormemente su audiencia. Era el momento de los ritmos marciales de D.A.F., los delirios románticos de Kate Bush, Toyah y Lene Lovich, y los desfases pop de Falco o de Les Rita Mitsouko. Todo artistas muy apreciados por Sofia Portanet, nacida en Kiel, que creció en París y que ahora vive en Berlín. Cantando en alemán, en inglés y en francés, también reivindica la herencia de algunas grandes voces que mezclan el cine, el teatro y el cabaret, como Ingrid Caven o Hildegard Knef. Al final, a pesar de esta avalancha de referencias, su encantador Freier Geist encuentra el equilibrio perfecto entre la nostalgia de los años 80, que ella asume o incluso afirma, y los toques más modernos. Sobre todo, es el vigor que le da a su proyecto lo que lo hace tan embriagador. © Marc Zisman/Qobuz