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Los álbumes

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Pop - Publicado el 20 de septiembre de 2019 | Verve Forecast

Hi-Res Premios Qobuzissime
El American dream es un tema aparentemente inagotable. Ya se aborde frontal o lateralmente, por un lado u otro, supone el carburante último de una verdadera horda de songwriters; y ello aunque alguno ni siquiera haya nacido ahí, en las Américas. Es el caso de J.S. Ondara. Porque este joven keniata, a quien su sello califica de «eslabón perdido entre Tracy Chapman y Michael Kiwanuka» (referencias evidentes pero ciertas), se ha sumado igualmente al carro. En 2013 Ondara se instalaba en casa de su tía de Minneapolis. Bares, clubs y calles se convierten, así, en escenario de las canciones de un chaval que hasta entonces no había salido de su Nairobi natal, canciones construidas a base de guitarra acústica con el objetivo, seguramente, de convertirse en el Bob Dylan del tercer milenio. En el Dylan de The Freewheelin’, su disco fetiche, junto al Nebraska de Springsteen… Pero, claro, si se hubiera limitado a clonar a esos colosos el asunto no tendría mayor interés. Y en Tales of America elude tal peligro. Porque J.S. Ondara dispone de una voz propia: es ese tono quejumbroso y una pizca andrógino lo que marca la diferencia. En cuanto a la instrumentación, se añaden las bienvenidas aportaciones, especialmente, del gran Andrew Bird, de Griffin Goldsmith (de Dawes) o de Joey Ryan (del dúo Milk Carton Kids). Para una América enfrentada, para un mundo más confuso que nunca, las canciones de J.S. Ondara son bastante más que simples apósitos. Suponen más bien poderosos bálsamos que atraviesan la piel del oyente y reconfortan su corazón. Un Qobuzissime, en cierto modo, necesario… © Marc Zisman/Qobuz
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Pop - Publicado el 20 de septiembre de 2019 | Columbia

Hi-Res Premios 4F de Télérama - Pitchfork: Best New Music - Qobuzissime
¡A todo el mundo le gusta el soul y el funk “vintage”! Pero aunque parece que aparecen herederos de Curtis Mayfield, Al Green, Prince, Sly Stone etc. todos los días, el verdadero interés parece limitado… Pero ya con solamente dos álbumes, el grupo Alabama Shakes ha mostrado su fuertemente original y tórrida versión de un funk de garaje sureño. ¿Su ingrediente secreto? Brittany Howard, esa cantante con un carácter y carisma XXL. Y con ese carisma se ha lanzado a realizar su primer e impresionante álbum a solo, que conserva los valores esenciales de los Alabama Shakes pero incorpora líneas menos convencionales, más originales. Howard firma aquí un disco de funk delirante y sicodélico, en las fronteras de lo experimental, como en History Repeats, con sus vivaces guitarras, sus ritmos irregulares y una voz alborotada.La nativa de Athens se rodea de un reducido grupo de músicos de confianza (Zac Cockrell, bajista de Alabama Shakes, y dos jazzmen curtidos y singulares, Robert Glasper al piano y teclados y Nate Smith a la batería). Es una base reducida pero rica a la vez, y sobre ella, Howard despliega su particular estudio acerca de sus referencias vitales. ¡Todo está aquí! La homosexualidad (Georgia), la muerte (el título del álbum, Jaime, es el nombre de su hermana mayor, que murió de cáncer a los 13 años, cuando Brittany tenía 8), la religión (He Loves Me), y el racismo, que ella misma, hija de una madre blanca y de un padre negro, ha sufrido (Goat Head relata esa mañana en la que su madre encontró las cuatro ruedas de su coche pinchadas y la cabeza cortada de una cabra en el banco del jardín). Es un disco que no deja indiferente. Las referencias e influencias de Howard son evidentes (Prince, Curtis, Sly), o eso parece, pero al final el resultado es de una gran originalidad. © Marc Zisman/Qobuz
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Alternativa & Indie - Publicado el 16 de agosto de 2019 | Human Season Records

Hi-Res Premios 4F de Télérama - Qobuzissime
¿Podría ser Dublín el epicentro de un nuevo terremoto post-punk? Siguiendo los pasos de Fontaines D.C. y Girl Band, con los que compartieron espacio de ensayo, ahora llegan estos 5 irlandeses de The Murder Capital para sumergirnos en su claustrofobia urbana. Son post-apocalípticos, furiosos, emocionados y emocionantes. Retomando códigos de Joy Division, The Cure o Fugazi, su primer álbum se titula When I Have Fears, como el famoso poema de John Keats. El frontman de la banda, James McGovern, lo tiene claro: “Sería facilísimo para nosotros escribir un álbum de 10 canciones punk a 170 bpm […] pero no podemos estar enfadados durante tanto tiempo, preferimos reflejar lo que está en nuestras cabezas.” Y así nos encontramos con romanticismo melancólico y explosiones furiosas a partes iguales, expresión de las preocupaciones socio-políticas de McGovern. La semilla de When I Have Fears parece haber sido un evento traumático: “Un amigo muy cercano se suicidó en febrero, y quisimos reflejar la negligencia del sistema irlandés con respecto a la salud mental. Ocurren muertes innecesarias debidas a esta falta de atención, y también por la deficiente inteligencia emocional de nuestra sociedad. Mi amigo simplemente no se podía permitir pagar la ayuda que necesitaba.”El barítono se inspira en la vasta tradición literaria de su país para construir un mordaz retrato de la juventud, a menudo plagada por una cultura de borrachera. Su mensaje queda subrayado por afiladísimos arreglos que rozan el minimalismo. Su simpleza contribuye a resaltar una sensación de urgencia en muchas de las canciones. Por lo demás, el hiperactivo batería Diarmuid Brennan –¡esos hi-hats!– en Don’t Cling To Life, o el piano y los sombríos gruñidos en The Street Adores Me Now demuestran que la banda es más que capaz de ir mucho más allá de los mimbres formales establecidos durante el revival post-punk de los primeros años 2000. When I Have Fears es un disco genuinamente dublinés, que trasciende la frialdad y la miseria sin abandonar nunca la sinceridad y la energía – un Qobuzissime contundente y sensible. © Alexis Renaudat / Qobuz

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