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Los álbumes

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Clásica - Publicado el 9 de octubre de 2020 | Château de Versailles Spectacles

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Clásica - Publicado el 25 de septiembre de 2020 | Château de Versailles Spectacles

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Clásica - Publicado el 11 de septiembre de 2020 | Château de Versailles Spectacles

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Clásica - Publicado el 28 de agosto de 2020 | Château de Versailles Spectacles

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Clásica - Publicado el 24 de abril de 2020 | Château de Versailles Spectacles

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Clásica - Publicado el 27 de marzo de 2020 | Château de Versailles Spectacles

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Clásica - Publicado el 15 de noviembre de 2019 | Château de Versailles Spectacles

Hi-Res Libreto Premios 5 étoiles de Classica
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Clásica - Publicado el 15 de noviembre de 2019 | Château de Versailles Spectacles

Hi-Res Libreto Premios 5 de Diapason
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Clásica - Publicado el 25 de octubre de 2019 | Château de Versailles Spectacles

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Clásica - Publicado el 11 de octubre de 2019 | Château de Versailles Spectacles

Hi-Res Libreto Premios Qobuzissime
Bach celebró su primera Navidad en Lepizig (1723) presentando su cantata Christen, ätzet diesen Tag, BWV 63, una obra impresionante que resonó en todo su esplendor en la Thomaskirche y que con sus coros inicial y final es un preludio perfecto para el Magnificat BWV 243A que sonó en el oficio de Vísperas.El joven director francés Valentin Tournet (¡de sólo 23 años!) está particularmente interesado por los aspectos menos conocidos de las grandes obras de Bach. Y así, para la primera grabación con su ensemble, ha elegido la primera versión del Magnificat. Compuesta en mi bemol mayor, una tonalidad muy cómoda para las trompas, en esta partitura se usan flautas de pico, con sus reminiscencias pastorales, en vez de flautas traveseras. Mucho menos frecuente que la versión revisada BWV 243 de 1743, la obra se ofrece aquí junto a cuatro laudas para la Navidad.Valentin Tournet aporta talento y valentía en estas interpretaciones particularmente brillantes, para las que tomó varias decisiones inusuales pero coherentes. Siendo Tournet violagambista, es especialmente sensible a la energía vital que pueden aportar los violonchelos, siempre y cuando el órgano no los supere en intensidad. Es por esto que la elección ha recaído sobre un órgano positivo. Otro aspecto encantador es que los vocalistas solistas no se limitan a cantar sus partes, sino que se integran en el coro, creando así una continuidad total y una emoción verdaderamente colectiva. © Elsa Siffert/Qobuz
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Clásica - Publicado el 27 de septiembre de 2019 | Château de Versailles Spectacles

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Clásica - Publicado el 14 de junio de 2019 | Château de Versailles Spectacles

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Clásica - Publicado el 17 de mayo de 2019 | Château de Versailles Spectacles

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Música vocal sacra - Publicado el 22 de marzo de 2019 | Château de Versailles Spectacles

Hi-Res Libreto Premios 5 de Diapason
Si los más famosos conflictillos musicales del siglo XVIII francés enfrentaron a Lulistas y a Ramistas durante los años 1730 y encendieron las pasiones de Gluckistas y Piccinnistas medio siglo más tarde –oponiéndose los partidarios del gusto francés y del italiano–, otra querella, acaso menos célebre pero no menos bufa, envenenó la corte de Luis XV en 1745. Una lucha franco-francesa, por cierto, entre François Colin de Blamont, Superintendente de la Música de la Cámara del Rey, y Esprit-Joseph-Antoine Blanchard, Maestro-segundo de la Capilla Real de Versalles.El Te Deum «Cántico de acción de gracias para las conquistas de Luis XV» de Blanchard debía celebrar la victoria de Fontenoy del ejército francés sobre el austriaco, en la Capilla real el 12 de mayo de 1745. Blanchard hizo llegar las partituras a los músicos para la ejecución solemne, a pesar de una «costumbre antigua» según la cual el Superintendente de la Música de la Cámara del Rey –Blamont, por tanto– era quien, en esta ocasión, tenía que dirigir el Te Deum en la Capilla. Verde de envidia, Blamont se precipitó en el último momento para remplazar las partituras de Blanchard por las suyas, pero demasiado tarde: la reina ya tomaba asiento y Blanchard daba la señal del comienzo. Indignado, Blamont se quejó ante el duque de Richelieu (heredero del célebre cardenal) quien, desde el campo de batalla y citando al rey «que desaprobó fuertemente [la] conducta [de Blanchard]», ordenó que la Victoria de Tournai, lograda un mes más tarde, habría de celebrarse con el Te Deum de Blamont. La reina contraatacó: Blamont dirigió ciertamente su Te Deum durante la Misa del rey (pero en ausencia de Louis XV, en campaña militar), mientras que, para la Misa de la reina, se volvió a interpretar ¡el Te Deum de Blanchard!He aquí un re-descubrimiento de dos de los compositores más espléndidos entre los coetáneos de Rameau, gracias al talentoso Daniel Cuiller quien, con su conjunto Stradivaria, se apodera de estas músicas con delectación, subrayando tanto sus bellezas como las diferencias tangibles entre los dos enemigos musicales. © SM/Qobuz
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Clásica - Publicado el 22 de febrero de 2019 | Château de Versailles Spectacles

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Clásica - Publicado el 26 de octubre de 2018 | Château de Versailles Spectacles

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¡Qué alegría de Adivino de aldea! acaso la primerísima ópera con texto y música del mismo autor, en este caso, Jean-Jacques Rousseau. Además de su discurso musical estimulante, esta obra ilustra las numerosas contradicciones acompañando la vida y la obra de un personaje que, poco después, proclamaba, en su Carta sobre la música francesa, la superioridad de la ¡música vocal italiana! «No hay ni compás ni melodía en la música francesa», escribía con atrevimiento, «porque la lengua no es susceptible de eso, porque el canto francés no es sino un continuo ladrido, insoportable para todo oído no prevenido; porque la armonía es bruta, sin expresión y huele únicamente a trabajo de colegio; porque las arias francesas no son arias; porque el recitativo francés no es recitativo. Concluyo por tanto que los franceses no tienen música y no pueden tenerla; y si alguna vez tienen una, será peor para ellos».¡Nada menos! El adivino de aldea contradice alegremente esta gran sandez (que el propio Rousseau atenuará luego al oír la música de Gluck cantada en francés): melodías memorables –verdaderos éxitos–, deliciosa línea de canto, absolutamente comprensible y sin embargo íntimamente francesa... todo contribuye para convertir este «intermède» de 1752 en una verdadera joyita del arte lírico francés de mediados de siglo. Desgraciadamente, la obra se grabó poco, y por tanto celebraremos con entusiasmo este nuevo álbum de Sébastien d’Hérin que dirige desde el clavecín su conjunto Les Nouveaux Caractères. La grabación se realizó en julio de 2017 durante las representaciones públicas en el Teatro de la Reina, en Versalles. © SM/Qobuz
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Clásica - Publicado el 28 de septiembre de 2018 | Château de Versailles Spectacles

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Clásica - Publicado el 14 de septiembre de 2018 | Château de Versailles Spectacles

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Las «óperas de cámara» ocupan un lugar singular a finales del siglo XVII en Francia, al margen de la gran «tragedia en música» cultivada por Lully –una forma a la que el Florentino, codicioso, inflexible y celoso, imponía una exorbitante exclusividad: quedaba prohibido a toda persona «hacer cantar ninguna pieza entera [dicho de otra manera: de Lully o incluso del ¡propio autor!] en Francia, en verso francés o en otras lenguas, sin la autorización, escrita del susodicho señor Lully, so pena de diez mil Libras de multa, y de confiscación de los teatros, máquinas, decorados, trajes… » o, también, prohibido «a las compañía de sus actores franceses y extranjeros que representan en París emplear a más de 6 músicos y a más de doce violines o instrumentistas; y recibir en este número a un solo músico o violinista que hubiera sido arrestado por el susodicho Lully».¡Vaya! Estamos en 1685, y Marie de Lorraine, llamada Mademoiselle de Guise, mecenas de Charpentier desde hace diez años, le encargó dos obras para celebrar las victorias de Luis XIV y la paz recobrada, y destinadas al conjunto privado de sus quince músicos. El mismo Charpentier cantó el papel de haute-contre de La Pintura en Las Artes y el de Forestan en La corona de flores. En Las Artes Florecientes, asistimos al triunfo de las artes –música, poesía, pintura y arquitectura– sobre las armas. La Paz, «deseada durante tanto tiempo», concluye la obra halagando al Rey Sol. La corona de flores, está estrechamente ligada a la comedia-ballet El enfermo imaginario, creada doce años antes. Charpentier adapta libremente el Prólogo a la gloria de Luis XIV, que iniciaba la versión original del Enfermo imaginario, para los músicos de Mademoiselle de Guise y lo titula La corona de flores. Tras celebrar las virtudes de la paz, la obra concluye con un desbordamiento de alegría, saludando los gozos primaverales y sobre todo, el reinado de Luis, «maestro del mundo y del tiempo» ¡con toda sencillez! El Ensemble Marguerite Louise participa regularmente en los espectáculos de Versalles, que sirvieron de marco para esta grabación. © SM/Qobuz