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Los álbumes

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Pop - Publicado el 31 de enero de 2020 | Rhino - Warner Records

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Rock - Publicado el 27 de septiembre de 2019 | Rhino - Warner Records

Hi-Res Premios Best New Reissue
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Rock - Publicado el 12 de julio de 2019 | Rhino - Warner Records

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Pop - Publicado el 28 de junio de 2019 | Rhino - Warner Records

Hi-Res
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Rock - Publicado el 14 de junio de 2019 | Rhino - Warner Records

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Rock - Publicado el 16 de noviembre de 2018 | Rhino - Warner Records

Han pasado cincuenta años. En 1968 Fleetwood Mac se veían envueltos en una historia de tintes rocambolescos. Pero sus dramones plagados de drogas, convulsiones sin cuento y (des)amores varios serían el crisol de sus mayores éxitos. 50 Years – Don’t Stop repasa por vez primera el medio siglo de agitada existencia del grupo californiano con un despliegue en tres tiempos. De sus comienzos bluseros capitaneados por Peter Green, Jeremy Spencer y el recordado Danny Kirwan, terminados con la llegada del LSD, queda un primer disco que capturaría la esencia más profunda de Fleetwood Mac, banda que tanto bebiera del british blues de los sixties. Por su parte, el segundo disco nos muestra su trayecto por el camino hacia el éxito mundial, recuperando múltiples cortes de Fleetwood Mac (1975), Rumours (1977) y Tusk (1979), con ese pop gradualmente orientado a las FM que cultivarían a partir de la entrada de la pareja Stevie Nicks-Lindsey Buckingham y de Christine McVie a los teclados. El tercero, finalmente, abarca desde los 80 hasta su retorno discográfico en 2013, con su más célebre alineación al completo. Y ahora, con la gira europea de 2019 a las puertas, abandona el grupo quien durante tantos años llevara las riendas, Lindsey Buckingham; y el guitarrista, incluso, les ha demandado. Mick Campbell, guitarrista de los Heartbreakers de Tom Petty y Neil Finn, de Crowded House, se las han arreglado para sustituirle. Como se comprueba, Fleetwood Mac será hasta el final fuente de líos. © Charlotte Saintoin/Qobuz
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Bandas sonoras de cine - Publicado el 21 de septiembre de 2018 | Rhino - Warner Records

Hi-Res
En esta tercera y última parte de El señor de los anillos, estrenada en 2003 y adaptación del célebre libro de Tolkien, Howard Shore volvería beneficiarse de unos medios excepcionales para elaborar nada menos que 3h 50m de música (¡que cubre, por cierto, el 90% del film!). Además de destacar la presencia de la London Philarmonic Orchestra al completo, cabe disfrutar igualmente de las intervenciones de los diferentes coros y de varios prestigiosos solistas. Estos últimos son, en ocasiones, los mismos protagonistas del film. De este modo, The Green Dragon es una pieza de inspiración irlandesa interpretada por el actor Billy Boyd, alias Pippin. Y entre los demás solistas (actores o no) hay que citar al imprescindible flautista James Galway, así como a Viggo Mortensen y Renée Fleming. Los tres participan también en la interpretación de The Fellowship Reunited. Por lo que respecta a la música instrumental, algunos motivos eran ya conocidos (aunque a veces aparecen en versiones ampliadas) y otros son totalmente nuevos. Una de las más bellas cadencias asociadas al anillo aparece ya en el primer corte, Roots and Beginnings, que evoca lejanamente el tema del anillo de Richard Wagner en El anillo del nibelungo. La sencillez de esa breve frase melódica, de solo nueve notas, demuestra que Howard Shore quería representar el mismo anillo, al margen de los tremendos desafíos que conlleva. Al margen de la singular calma que respira esta música, hay espacio para la épica e incluso para el terror, como se descubre en el fascinante tema Shelob's Lair. Recordemos que Shore es el compositor de referencia de David Cronenberg, y, por ello, un especialista incomparable en el género. A destacar por último el majestuoso lirismo de Into the West, que se escucha en los créditos finales, con Annie Lennox al micrófono. ©Nicolas Magenham/Qobuz
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Bandas sonoras de cine - Publicado el 27 de julio de 2018 | Rhino - Warner Records

Hi-Res
Los temas de Howard Shore para la trilogía de El Señor de los Anillos de Peter Jackson suelen considerarse como unas de las mejores composiciones de la historia de la música cinematográfica. Primeramente, por su vastedad: ¡solo con esta segunda entrega (presentada aquí íntegramente) el oyente podrá deleitarse con más de tres horas de música! Pero, antes que nada, debemos destacar la capacidad musical, extremadamente rica e inventiva, de este colaborador habitual de David Cronenberg, autor también de los scores de Ed Wood, ¡Jo, qué noche! (After Hours) y Mrs. Doubtfire. Para este segundo episodio estrenado en 2002 (subtitulado Las dos torres), el compositor canadiense recupera los motivos épicos y emocionantes de la primera parte y les inyecta aún mayor negrura y oscuridad, como prueba el tema inicial (Glamdring, con sus coros maoríes), al igual que esas sonoridades asociadas a Gollum que mezclan hábilmente luces y tinieblas (My Precious). La banda sonora incluye por lo demás nuevas piezas épicas y majestuosas, como el motivo vinculado a los Rohirrim, los caballeros de la Tierra Media (The Plains of Rohan).

 Pero el score de Shore no estaría completo sin esos aromas célticos que el compositor disemina con refinamiento a lo largo de esta titánica partitura –recordándonos que una de las influencias de Tolkien, el autor del ciclo novelístico, fue la mitología irlandesa–. Dermot Crehan (violín) y el inmenso flautista James Galway (tin & low whistle, flautas tradicionales irlandesas) son los encargados de aportar al score su particular cromatismo (Edoras; Ent-draught). A este respecto conviene destacar asimismo el impresionante número de solistas participantes en la interpretación, algo poco habitual en una partitura de género «sinfónico». Naturalmente, el compositor se esfuerza por respetar constantemente el universo narrativo y visual de Tolkien y Jackson, buscando la aprobación de los aficionados a la saga. Pero esta banda sonora, tan poderosa como sutil, demuestra de modo flagrante que Howard Shore desea igualmente dirigirse al corazón de los mejores melómanos, conocedores o no del maravilloso universo narrativo de Tolkien. © Nicolas Magenham/Qobuz
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Bandas sonoras de cine - Publicado el 13 de abril de 2018 | Rhino - Warner Records

Hi-Res
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Bandas sonoras de cine - Publicado el 13 de abril de 2018 | Rhino - Warner Records

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Pop - Publicado el 26 de enero de 2018 | Rhino - Warner Records

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Rock - Publicado el 19 de enero de 2018 | Rhino - Warner Records

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En lo que sería su segundo álbum epónimo, Fleetwood Mac se permitía redefinir, en 1975, su identidad en un momento de transformación radical. Todo había cambiado desde su irrupción, siete años antes. El grupo británico había perdido nada menos que a tres guitarristas. Atrapado por el LSD, descontento porque su idea de donar las ganancias de la banda a la caridad chocó con la oposición del resto de miembros, Peter Green, máximo defensor de las esencias del blues, salió por la puerta falsa. Jeremy Spencer, por su parte, se había unido a la secta de los niños de Dios, y al joven Danny Kirwan le pusieron de patitas en la calle a causa de sus problemas mentales y excesos alcohólicos. En activo no quedaban de la alineación original más que Mick Fleetwood y John McVie. Pero por entonces Fleetwood conocería en California a la pareja Lindsey Buckingham y Stevie Nicks, mientras McVie enrolaba a su futura esposa como teclista. Del blues británico surgido de las cenizas de The Bluesbreakers, Fleetwood Mac, a instancias de Nicks y Buckingham, se pasaba al rock «FM» característicamente californiano. Las radios mainstream estaban encantadas. Antes de Rumours, disco de cabecera de una generación de jóvenes-adultos, este segundo álbum sirvió como puesta a punto del sonido que les llevaría a lo más alto de las listas de éxito, gracias a la sensualidad intoxicante de Nicks en Rhiannon, al incipiente liderazgo de Buckingham en I’m So Afraid o al pop edulcorado de Over My Head y Say You Love Me. Pero también hay espacio para la belleza poco habitual, como en Landslide, más conocida por las relecturas de Smashing Pumpkins y Crystal. Entre el final del sueño hippie, resistente contra la embrionaria oleada punk, y algún vestigio residual de blues (World Turning), con Fleetwood Mac, del que esta edición Deluxe ofrece versiones previas y en directo, se inicia el fulgurante ascenso de una formación señalada por sus adicciones, de perfil triunfador no exento de notas trágicas. © CS/Qobuz
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Rock - Publicado el 19 de enero de 2018 | Rhino - Warner Records

En lo que sería su segundo álbum epónimo, Fleetwood Mac se permitía redefinir, en 1975, su identidad en un momento de transformación radical. Todo había cambiado desde su irrupción, siete años antes. El grupo británico había perdido nada menos que a tres guitarristas. Atrapado por el LSD, descontento porque su idea de donar las ganancias de la banda a la caridad chocó con la oposición del resto de miembros, Peter Green, máximo defensor de las esencias del blues, salió por la puerta falsa. Jeremy Spencer, por su parte, se había unido a la secta de los niños de Dios, y al joven Danny Kirwan le pusieron de patitas en la calle a causa de sus problemas mentales y excesos alcohólicos. En activo no quedaban de la alineación original más que Mick Fleetwood y John McVie. Pero por entonces Fleetwood conocería en California a la pareja Lindsey Buckingham y Stevie Nicks, mientras McVie enrolaba a su futura esposa como teclista. Del blues británico surgido de las cenizas de The Bluesbreakers, Fleetwood Mac, a instancias de Nicks y Buckingham, se pasaba al rock «FM» característicamente californiano. Las radios mainstream estaban encantadas. Antes de Rumours, disco de cabecera de una generación de jóvenes-adultos, este segundo álbum sirvió como puesta a punto del sonido que les llevaría a lo más alto de las listas de éxito, gracias a la sensualidad intoxicante de Nicks en Rhiannon, al incipiente liderazgo de Buckingham en I’m So Afraid o al pop edulcorado de Over My Head y Say You Love Me. Pero también hay espacio para la belleza poco habitual, como en Landslide, más conocida por las relecturas de Smashing Pumpkins y Crystal. Entre el final del sueño hippie, resistente contra la embrionaria oleada punk, y algún vestigio residual de blues (World Turning), con Fleetwood Mac, del que esta edición Deluxe ofrece versiones previas y en directo, se inicia el fulgurante ascenso de una formación señalada por sus adicciones, de perfil triunfador no exento de notas trágicas. © CS/Qobuz
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Rock - Publicado el 1 de diciembre de 2017 | Rhino - Warner Records

Hi-Res Premios 4F de Télérama - Discoteca Ideal Qobuz - Best New Reissue
Tras un primer, enérgico y fascinante álbum de country alternativo (A.M.), concebido en el momento de la traumática separación de su grupo Uncle Tupelo, Jeff Tweedy se tomó su tiempo para alumbrar este segundo trabajo de Wilco, un doble disco con el que apuntaba muy alto. Formato que, unido a las influencias musicales manejadas, haría pensar a bastantes periodistas que con este álbum aparecido en octubre de 1996 Tweedy había querido componer su Exile On Main Street. Y es que al igual que en esa ecléctica obra maestra de los Stones, las directrices son aquí el rock & roll más básico, el bluegrass, el country rock, la psicodelia, el folk y el soul más sudoroso. Con las guitarras campando por sus respetos, el steel pedal y los metales como parte de una instrumentación poco común, los Wilco de Being There tejen inesperadas conexiones entre los Stones de su mejor época, los Replacements, los Beatles y los Big Star del álbum Third. Alternando baladas y tempestades eléctricas, Tweedy demuestra que con unos fundamentos clásicos (en realidad intemporales) es aún posible escribir grandiosas canciones, componer excelentes piezas de la más sorprendente arquitectura… Esta edición Deluxe remasterizada propone, además del álbum original, quince bonus inéditos que incluyen, entre otras cosas, versiones alternativas de I Got You y Say You Miss Me, así como el directo grabado el 12 de noviembre de 1996 en el Troubadour de Los Ángeles y una sesión para la emisora KCRW de Santa Monica, registrada un día después. © MZ/Qobuz
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Rock - Publicado el 1 de diciembre de 2017 | Rhino - Warner Records

Tras un primer, enérgico y fascinante álbum de country alternativo (A.M.), concebido en el momento de la traumática separación de su grupo Uncle Tupelo, Jeff Tweedy se tomó su tiempo para alumbrar este segundo trabajo de Wilco, un doble disco con el que apuntaba muy alto. Formato que, unido a las influencias musicales manejadas, haría pensar a bastantes periodistas que con este álbum aparecido en octubre de 1996 Tweedy había querido componer su Exile On Main Street. Y es que al igual que en esa ecléctica obra maestra de los Stones, las directrices son aquí el rock & roll más básico, el bluegrass, el country rock, la psicodelia, el folk y el soul más sudoroso. Con las guitarras campando por sus respetos, el steel pedal y los metales como parte de una instrumentación poco común, los Wilco de Being There tejen inesperadas conexiones entre los Stones de su mejor época, los Replacements, los Beatles y los Big Star del álbum Third. Alternando baladas y tempestades eléctricas, Tweedy demuestra que con unos fundamentos clásicos (en realidad intemporales) es aún posible escribir grandiosas canciones, componer excelentes piezas de la más sorprendente arquitectura… Esta edición Deluxe remasterizada propone, además del álbum original, quince bonus inéditos que incluyen, entre otras cosas, versiones alternativas de I Got You y Say You Miss Me, así como el directo grabado el 12 de noviembre de 1996 en el Troubadour de Los Ángeles y una sesión para la emisora KCRW de Santa Monica, registrada un día después. © MZ/Qobuz
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Hard Rock - Publicado el 13 de octubre de 2017 | Rhino - Warner Records

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Rock - Publicado el 28 de julio de 2017 | Rhino - Warner Records

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Punk - New Wave - Publicado el 21 de julio de 2017 | Rhino - Warner Records

Hi-Res Premios Best New Reissue
Pasan los años y la herencia dejada por Los Ramones va arraigándose cada vez más en la Historia con mayúsculas de la mejor música popular del siglo XX. Estos falsos hermanos originarios de Queens avanzaron siempre, calzados con unas eternas Converse sucias y rotas, por el sendero de cierta tradición rockera que iba de la surf music a los girls groups. Con la estupidez como filosofía, con la despreocupación adolescente como credo, con unas guitarras supersónicas a manera de armas de destrucción masiva, en sus discos –simplistas en lo formal, inauditamente gozosos en el fondo– abundan auténticos himnos de pop chicle mezclado con anfetaminas, mucho más serios de lo que podría parecer. Es lo que sucede en este Leave Home, segundo LP en estudio editado en enero de 1977, ¡sólo nueve meses después del primero! Un buen puntapié que puso patas arriba el gallinero rock y que contenía, a manera de guindas del pastel, clásicos como I Remember y, sobre todo, Pinhead, de donde procede su famoso grito de guerra: Gabba Gabba Hey! En 80 títulos repartidos en tres CD, esta generosa edición deluxe remasterizada sirve para soplar las cuarenta velas con que cuenta ya esta obra maestra, extraordinariamente influyente, que incluye como jugosos extras maquetas, caras B, remixes y versiones en directo registradas en 1977 en el club CBGB, verdadera Meca del punk neoyorquino. En resumen, nuestro veredicto no puede ser otro sino: gabba gabba hey! © MZ/Qobuz
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Punk - New Wave - Publicado el 21 de julio de 2017 | Rhino - Warner Records

Pasan los años y la herencia dejada por Los Ramones va arraigándose cada vez más en la Historia con mayúsculas de la mejor música popular del siglo XX. Estos falsos hermanos originarios de Queens avanzaron siempre, calzados con unas eternas Converse sucias y rotas, por el sendero de cierta tradición rockera que iba de la surf music a los girls groups. Con la estupidez como filosofía, con la despreocupación adolescente como credo, con unas guitarras supersónicas a manera de armas de destrucción masiva, en sus discos –simplistas en lo formal, inauditamente gozosos en el fondo– abundan auténticos himnos de pop chicle mezclado con anfetaminas, mucho más serios de lo que podría parecer. Es lo que sucede en este Leave Home, segundo LP en estudio editado en enero de 1977, ¡sólo nueve meses después del primero! Un buen puntapié que puso patas arriba el gallinero rock y que contenía, a manera de guindas del pastel, clásicos como I Remember y, sobre todo, Pinhead, de donde procede su famoso grito de guerra: Gabba Gabba Hey! En 80 títulos repartidos en tres CD, esta generosa edición deluxe remasterizada sirve para soplar las cuarenta velas con que cuenta ya esta obra maestra, extraordinariamente influyente, que incluye como jugosos extras maquetas, caras B, remixes y versiones en directo registradas en 1977 en el club CBGB, verdadera Meca del punk neoyorquino. En resumen, nuestro veredicto no puede ser otro sino: gabba gabba hey! © MZ/Qobuz
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