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Max Jury, menos country, más groovy

Con su segundo álbum, el songwriter americano sorprende con una faceta funky inesperada…

Por Nicolas Magenham | Vídeo del día | 10 de julio de 2019
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Qobuz

¿Qué se hace tras un primer álbum de tonos introspectivos, seguido de una larga gira que le hace a uno internacionalmente conocido? Max Jury (cuyo primer trabajo, de título epónimo, fue bendecido por la crítica en 2016 y premiado con un Qobuzissime) ha optado por aprovechar sus sensaciones en directo para renovarse musicalmente y, sobre todo, para ocuparse del mundo que le rodea.

Y es que este joven artista nativo de Iowa ha dejado momentáneamente de lado su estupendo country para rodearse de maquinitas y de diversos efectos evocadores de ciertas sonoridades pasadas, que demuestran tanto su obsesión por las músicas de épocas anteriores a su nacimiento (como las de Randy Newman y Paul McCartney) como su intención de capturar el espíritu de su tiempo.

Con su proverbial elegancia, algo trasnochada pero, con todo, altamente moderna, una canción como Gone pone meridianamente de manifiesto la brillante dualidad de la trayectoria de Max Jury. Y para desplegar su nueva paleta de colores, el músico ha contado con el apoyo del productor Robin Hannibal (Kendrick Lamar, Jessie Ware, Anderson .Paak).



Por otro lado, también están muy presentes los aromas soul, funk y jazz, fusionados con desusada gracia en unas atractivas melodías elaboradas por el joven artista con inmenso cuidado, en unos temas capaces de combinar ritmos bailables (Crime, Quicksand) y la más suave sutileza (Primrose, con sus fascinantes reminiscencias de un country resucitado con técnicas del siglo XXI). Pero si hablamos de sutileza, conviene añadir que la andrógina voz de Jury es la mayor responsable de la magia que se cuela en cada resquicio del presente álbum.



En cuanto a las letras, apuntan diversas variaciones de esa angustia que tanto tortura a su generación, así como los subterfugios de los que se vale para «mantener el miedo a raya». A este respecto, con sus timbres funk de otras eras, el estribillo del single Modern World resulta de lo más ilustrativo: «I'm living in the modern world/Jumping over modern hurdles/Drinking every night away/'Till we start again the next day». Max Jury juega a la ubicuidad temporal, y lo hace muy bien. © Nicolas Magenham/Qobuz



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