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Los álbumes

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Alternativa & Indie - Publicado el 24 de julio de 2020 | Taylor Swift

Hi-Res Premios Grammy Awards
No hay que olvidar que Taylor Swift, antes de convertirse en una estrella dorada del pop, creció musicalmente en la escena country de Nashville. Por supuesto, para la cantante, que ya tiene treinta años, el folk de la “Ciudad de la Música” parece ya muy lejano. Pero aún así Taylor Swift nunca ha dejado de sumergir su pluma en el mismo tintero que sus antepasados musicales, procesando el romance, la angustia, la autorreflexión, los comentarios sociopolíticos o las experiencias personales, como hizo cuando se enfrentó al cáncer de su madre en Soon You’ll Get Better... En el contexto de la crisis del coronavirus, con medios más reducidos y un equipo más estrecho, Swift nos sorprende con este Folklore lanzado a mediados del verano de 2020. Primera sorpresa: Aaron Dessner en producción. Al contratar al guitarrista de The National, a quien considera uno de sus ídolos, la cantante elige a un músico estilísticamente seguro y refuerza su credibilidad para un público más orientado a la música indie. Y da en el clavo con Exile, el único dúo del álbum, con Justin “Bon Iver” Vernon, que está cerca de Dessner y con quien fundó Big Red Machine.Todo está ahí para traernos un álbum sorprendente, atípico, que nunca suena como un cálculo que sólo pretende coquetear con hipsters. Sin flequillo pop, ni el enésimo remate que apunta a Kanye West, libre de ritmos exagerados y llevado por una sobria instrumentación (piano, guitarra acústica, mellotron, mandolina...), Folklore es un perfecto contraste con sus anteriores álbumes y se mueve entre sedoso neo-folk y rock onírico. Es como si la estrella se hubiera retirado para encontrarse en una cabaña perdida en el bosque, como Bon Iver en sus primeros días... Al exponer de esta manera su arte y liberarlo de la iluminación pensada para las listas de éxitos, Taylor Swift llega más profundo. En redes sociales, la estadounidense ha escrito: “Antes de este año, probablemente habría pensado demasiado en el momento perfecto para lanzar esta música, pero los tiempos que vivimos me recuerdan que nada está garantizado. Mi instinto me dice que cuando haces algo que amas, debes exponerlo al mundo, sin esperar más.” Una sabia decisión para un hermosísimo disco de pop adulto. © Marc Zisman/Qobuz
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Clásica - Publicado el 5 de abril de 2019 | Signum Records

Hi-Res Libreto Premios Qobuzissime - Grammy Awards
Atención, espléndida novedad dedicada a las joyas de la música francesa moderna. La obra coral de Maurice Duruflé tiene su origen en el canto gregoriano, en sus curvas melódicas y salmódicas que el compositor combinó con la nueva estética francesa heredada de Gabriel Fauré y Claude Debussy, con sus líneas claras y sus características fricciones armónicas. El resultado es una música de increíble simplicidad. Aunque esta búsqueda de la pureza pudiera parecer en un primer momento desconcertante, lo cierto es que estaba ligada a todo un movimiento estilístico del siglo XX (absolutamente no neoclásico) que intentaba volver a una cierta esencia del arte musical recurriendo a los orígenes, separándose de todos los oropeles del teatro y el espectáculo, y alejándose de esta tendencia a la abstracción pura que subyace en gran parte de la creación musical después del conflicto de los años 1939-45.¿Canto gregoriano como «madre» de toda la música? Muy probablemente. Al final, la obra de Duruflé quiere imponer una forma de serenidad y dulzura que se hace eco de una tendencia contemporánea, todavía emergente pero bien establecida, preocupada por la armonía y las atmósferas un poco hechizantes, en busca de la comunión de los espíritus.El coro de cámara de Houston, poco presente en la escena discográfica, aborda las obras del compositor francés con voces de una bella pureza, y la generosa acústica del Edythe Bates Hall de Rice University anima al director Robert Simpson a un fraseo amplio, con una original expresividad en estas obras ya de por sí expresivas, lo que hace de esta grabación –tan conmovedora como las anteriores grabaciones del compositor (en Erato)–, una puerta de entrada ideal a este universo hipnótico (Messe «Cum Jubilo»).Cabe señalar que el catálogo de obras de Duruflé, a pesar de su relativamente larga vida, incluye solo catorce números de opus referenciados, siendo el último el Notre Père (¡noventa segundos de música!) escrito especialmente para la Iglesia católica y muy pocas veces interpretado debido a su gran dificultad de ejecución. Esta presencia involuntaria del número 14 convierte la obra de Duruflé en una búsqueda continua de logro y perfección. Este lanzamiento del Houston Chamber Choir se convierte también en una oportunidad adicional para redescubrir uno de los secretos mejor guardados de la música francesa del siglo XX. © Pierre-Yves Lascar/Qobuz
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Rock - Publicado el 5 de octubre de 2018 | Cooking Vinyl

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Jazz vocal - Publicado el 28 de septiembre de 2018 | Mack Avenue Records

Hi-Res Premios Grammy Awards
Tras darse a conocer al gran público en 2013 con el suntuoso WomanChild, Cécile McLorin Salvant aún se nos mostraría más pletórica dos años después en For One To Love, un disco más maduro y completo, donde hacía malabarismos con su voz, y también en el algo más clásico Dreams & Dagger, grabado en concierto en el Village Vanguard y en el DiMenna Center junto a su fiel trío, acompañado por el Catalyst Quartett y por el pianista Sullivan Fortner. Y es a este virtuoso a quien ha llamado para dar forma a su nueva entrega, The Window. La artista, nacida el 28 de agosto de 1989 en Miami, Florida, y que estudió Derecho, música barroca y jazz vocal en Aix-en-Provence para ganar en 2010 el Concurso Internacional Thelonious Monk (¡con solo 20 años y ante un jurado compuesto por Al Jarreau, Dee Dee Bridgewater, Patti Austin, Dianne Reeves y Kurt Elling!), opta aquí por el formato voz/piano. Una verdadera prueba de fuego, sin adornos, sin artificios, para que resalte aún más la calidad de su técnica vocal en un disco cercano al tono meditativo donde trata de la compleja naturaleza del amor mediante unas canciones firmadas por Richard Rodgers, Cole Porter, Leonard Bernstein o Stevie Wonder. Una nueva comprobación de que Cécile McLorin Salvant es cualquier cosa menos la típica vocalista de jazz, tal como señala el trompetista Wynton Marsalis: «Cantantes como ella surgen una en cada generación o en cada dos generaciones…» © Marc Zisman/Qobuz
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Clásica - Publicado el 28 de septiembre de 2018 | Innova

Libreto Premios Grammy Awards
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Electrónica - Publicado el 24 de agosto de 2018 | Genesis

Hi-Res Premios Grammy Awards
¿Se trata de un álbum live o de un disco en estudio? Woman Worldwide es ambas cosas, como resultado de una monstruosa gira mundial de un año de duración y del esmero del dúo francés a la hora de cuidar el sonido. Su origen está en su tercer álbum, Woman, de 2016, que propició la plasmación de uno de los más impresionantes live show de 2017 y, por consiguiente, una brutal versión en vivo del disco. Sin embargo, y como de costumbre, Xavier De Rosnay y Gaspard Augé no se han contentado con revisitar únicamente Woman, sino que han aprovechado la ocasión para revisar también sus dos entregas anteriores (Cross y Audio Video Disco) y protagonizar un tremendo e hipervitaminizado directo. Porque para el dúo no basta con editar unas grabaciones de sus conciertos. Su sello Ed Banger nos lo explica: «Tras un año de ensayos, actuaciones, reflexiones y grabaciones en directo volvieron a encerrarse en su estudio de París para proporcionarle al disco el acabado que las actuaciones live no siempre permiten.» De entrada, y en una primera escucha, el resultado suena estupendo: recorremos a toda marcha los diez años de carrera de Justice con un poderío hasta ahora nunca alcanzado por el grupo. Las paredes tiemblan, los bafles explotan, un subidón constante y sin fin (¿quizás hasta algo excesivo?). Pero cuando lo reescuchamos descubrimos la magnífica labor realizada con las mezclas, remezclas y arreglos, entendiéndose entonces porqué hay que considerar este álbum como el nuevo disco en estudio de uno de los más talentosos dúos electrónicos del planeta. Por criticar algo, podrían haber incluido algún tema inédito para aliviar la espera de su siguiente disco. © Sylvain Di Cristo / Qobuz
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Clásica - Publicado el 10 de agosto de 2018 | Naxos

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Rock - Publicado el 20 de julio de 2018 | Nonesuch

Hi-Res Libreto Premios Grammy Awards
Los Punch Brothers nos entregan un delicioso guiso sonoro de Americana, cocinado a fuego lento con los mejores ingredientes. En este quinto álbum Chris Thile, mandolinista y cantante, ofrece junto a sus cuatro cómplices un bello repertorio de baladas, rebosante de delicadeza y especialmente indicado para estados de meditación. Nueve canciones en total en este primer disco autoproducido por el grupo, grabado en Los Ángeles y editado por el sello Nonesuch. All Ashore es, según ha explicado Thile, producto de «la reflexión sobre las relaciones sentimentales en nuestros días». Los Punch Brothers han recurrido aquí a los instrumentos de cuerda propios de la Americana: banjo (Noam Pikelny), violín tradicional (Gabe Witcher), mandolina (Chris Thile) y guitarra (Chris Eldridge), con acompañamiento de contrabajo (Paul Kowert) y voz. Y pese a su respeto por las sonoridades tradicionales la banda está abierta a la modernidad, tanto en lo musical como en lo referente a las letras, concediendo la misma importancia a ambos planos… Claro que a los Punch Brothers no les va nada el postureo, contentándose con expresarse honestamente con sus instrumentos, como atestiguan temas como Three Dots and a Dash o It's All Part of the Plan. Los riffs se encadenan entre un permanente vaivén de matices tímbricos y rítmicos en virtud de un elaborado juego de superposiciones instrumentales. Y si en su anterior álbum, The Phosphorescent Blues, se adentraban por las sendas del bluegrass, especialmente con cortes como Boll Weevil o Forgotten, ahora han preferido decantarse por otros derroteros. Los de un pop trufado de folk, con alguna excepción (Jungle Bird) orientada a un blues algo desarticulado que conecta muy bien con los sonidos del álbum precedente… Pero no conviene olvidar la melodiosa voz de Thile, que combinada hermosamente con el tejido instrumental de sus colegas nos sorprende por su intensidad, ya sea en esos nítidos agudos sostenidos o en los fraseos más irregulares y presurosos. De este modo All Ashore se nos muestra como una auténtica mina de oro, llena de riquezas accesibles tanto al neófito como al aficionado más erudito. © Clara Bismuth/Qobuz
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Sinfonías - Publicado el 6 de julio de 2018 | Deutsche Grammophon (DG)

Hi-Res Libreto Premios 5 de Diapason - Gramophone Editor's Choice - Choc de Classica - Grammy Awards
Con sus duraciones rondando la hora, la Cuarta y la Undécima, llamada «1905», son dos de las sinfonías más largas y amplias de Shostakovich. Cosa rara, la Cuarta, acabada en 1936, se estrenó en 1961 ¡cuatro años tras la creación de la Undécima, en 1957! El «retraso» se debió a las balas que silbaron sobre la cabeza del pobre compositor, precisamente en 1936, tras el tristemente célebre artículo de la Pravda dictado por Stalin «Caos en vez de música» que condenaba sin reservas la ópera Lady Macbeth de Mtsensk. Shostakovich decidió posponer el inminente estreno la Cuarta, encerró cuidadosamente el manuscrito con doble llave y no lo sacó antes de que el dictador estuviese muerto, enterrado y definitivamente descompuesto ¡Y podemos entenderlo! En efecto el tono de esta Cuarta no es nada, pero nada, optimista: sombríos acentos mahlerianos, huidas desesperadas, armonías torturadas por doquier... sin la más mínima señal del futuro mejor anunciado por el dictador. La Undécima, con un programa «político» celebrando la Revolución de 1905 et los tristes acontecimientos del Domingo rojo –cuando el ejército ruso disparó sobre la muchedumbre causando entre 96 muertos, oficialmente, y varios miles, según otras fuentes– tiene ciertamente un tono más optimista, aunque sabemos lo que optimismo significa en la vida de Shostakovich. Ambas sinfonías fueron grabadas en concierto, respectivamente durante el otoño de 2017 y la primavera de 2018 por la Orquesta Sinfónica de Boston y su director musical Andris Nelsons. © SM/Qobuz
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Hip-Hop/Rap - Publicado el 18 de junio de 2018 | Parkwood Entertainment - Roc Nation

Hi-Res Libreto Premios Grammy Awards
Las superestrellas últimamente se toman el lujo de sacar discos como de tapadillo, como si su objetivo fuera no llamar demasiado la atención. Y, sin embargo, este de Jay-Z y Beyoncé se aguardaba con expectación desde su primera colaboración en 2002, lo que no les impedía publicarlo inesperadamente este 16 de junio de 2018, coincidiendo, curiosamente, con el lanzamiento de Nasir, de Nas y Kanye West. Y en la estela de 4:44 de Jay-Z y de Lemonade de Beyoncé, Everything is Love es un álbum de carácter introspectivo, centrado en la esfera íntima de la pareja y en el análisis de su popularidad artística. Nueve temas que suponen una celebración de la excelencia negra y, al mismo tiempo, una afilada crítica de la sociedad actual. Pero el álbum funciona también como anuncio de una reconciliación, como renovación del vínculo de dos enamorados que parecían al borde de la ruptura y que se las han arreglado, tanto dentro como fuera de los focos, para restañar sus heridas y salvar sus diferencias, recurriendo como inmejorable pegamento a la música.Formalmente Everything is Love se inscribe en los estándares actuales, aunque distinguiéndose por su lujo sonoro y su apelación a la dignidad afroamericana. La pareja se remite de nuevo al grandioso universo, abigarrado pero riguroso, de Pharrell Williams, que produce dos temas, Nice y Apeshit. El cromatismo pop de Beyoncé se mezcla con las sonoridades más soul-jazz de Jay-Z, gracias en especial a la labor de Cool & Dre, acertadísimos a la hora de orquestar este cóctel rebosante de ingredientes heterogéneos. A menudo más osada que su marido, Beyoncé nos ofrece aquí una auténtica demostración de fuerza rapeando con rabia en muchos cortes, jugando al límite con su imagen y derribando cualquier frontera estilística. Por su parte Jay-Z reafirma su vigencia, pese a mostrarse a veces algo displicente; pero ahí tenemos sus constantes estallidos de genio, entre otros Friends y Lovehappy, donde nos habla de su familia y de su casta musical. Con Everything is Love The Carters han logrado la difícil hazaña de permanecer en la cima y ganar en credibilidad, y además con un proyecto tan intimista como variado. La familia real formada por Beyoncé y Jay-Z sigue sin decepcionarnos. © Aurélien Chapuis/Qobuz
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Blues - Publicado el 15 de junio de 2018 | Silvertone

Hi-Res Libreto Premios Grammy Awards
Damn Right! ¡A ver quién es el guapo que se atreve a negar que Buddy Guy lleva el blues en la sangre! Este legendario guitarrista de Chicago no puede decirlo más claro ni más fuerte a lo largo de este álbum: The Blues Is Alive And Well! Y a sus 81 años parece en mejor forma que nunca, capaz de darle un buen repaso a los jovenzuelos de hoy. Estamos ante el bluesman más punk y más rockero que cualquier otro de la actual generación, y que además sabe cómo hacer que el público blanco ame tan endiablada música. ¿Que algunos le consideran de la vieja escuela? Pues bueno, qué más dará eso cuando se comprueba cómo maneja Buddy Guy su instrumento, es decir, como los grandes. El guitarrista nos entrega una buena ración de ese blues que tanto le gusta con invitados en disposición de atender sus requerimientos: Keith Richards y Mick Jagger de los Stones, Jeff Beck y James Bay, que alimentan el talento de este genio con inmejorable espíritu de colaboración. Porque, ¿qué sería del blues sin el alcohol o los viejos amigos? En Cognac, por ejemplo, Buddy Guy, recordando a Muddy Waters, parece tener de nuevo veinte años.Desde luego, tal vez sea demasiado tarde para saborear con él un buen coñac, pero para eso están Keith y los demás, para acompañarle. Emborracharse con estilo, embriagarse de alcohol y de blues, embarcarse en una partida que podría no finalizar jamás; no otro es el espíritu del blues. Y más allá de la música, surgen auténticos y lúdicos enfrentamientos entre los riffs de guitarra, los acordes de piano y la afilada voz del veterano bluesman. Más que llevarnos al trance, se nos arrastra aquí por un camino diabólico, gobernado por el más potente groove, por ejemplo, en el tema que da título al disco, The Blues Is Alive And Well. Una estupenda declaración de amor al género, que pese a la soledad, miseria y dolor que puede conllevar, nos consuela como el amigo más fiel, a manera de un diario íntimo. Seguramente se trata de una cuestión de herencia musical, como si Buddy Guy quisiera mantener viva la llama del blues para las generaciones venideras. Un tema como Blue No More resulta bastante representativo a este respecto: un dúo donde Buddy Guy canta, precisamente, ante el umbral del paraíso, probándonos que le da igual pasar a mejor vida sabiendo que vendrán otros que tomarán el relevo. Y a manera de eco, James Bay insiste en repetir las palabras del maestro: «I won’t be blue no more». © Clara Bismuth/Qobuz
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Ópera - Publicado el 15 de junio de 2018 | PentaTone

Hi-Res Libreto Premios Grammy Awards
El hecho es ineludible: lo queramos o no, Steve Jobs era un verdadero personaje. Sucesiva o simultáneamente visionario, empresario, inventor, déspota, manipulador, llevó su compañía informática de la manzana mordida hasta lo más alto de la industria. Del personaje público al personaje de ópera, solo queda un paso, el que dieron con deleite el libretista Mark Campbell y el compositor Mason Bates, dos de los grandísimos exploradores del mundo lírico estadounidense más desmadrado. Su ópera The (R)evolution of Steve Jobs (que puede traducirse por «La (R)evolución de Steve Jobs»), creada en 2017 en Santa Fe, tiene por protagonista al magnate de la informática rodeado de sus comparsas durante la fundación y el desarrollo de la empresa, sus amigos y sus enemigos. Con un lenguaje musical de lo más extravagante, Bates introduce para cada personaje y cada situación un verdadero leitmotiv, hecho con colores instrumentales, temas propios y también interpolaciones de sonidos electrónicos que provienen –lo habrán adivinado– del mundo de los ordenadores y teléfonos móviles de la empresa en cuestión. Con algunos toques de jazz (el jazz sinfónico a lo Bernstein o Gershwin), de rock muy progresivo (con tanto atonalismo como cromatismo), de minimalismo a lo Adams, Bates se queda cuidadosamente en el regazo del lirismo clásico, dado que su modernidad no se sitúa en las destrucciones vanguardistas sino en una nueva creación a partir de elementos ciertamente existentes pero combinados de manera totalmente original y personal. La grabación se realizó durante la creación mundial en Santa Fe en el verano de 2017. © SM/Qobuz
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Reggae - Publicado el 20 de abril de 2018 | A&M

Hi-Res Libreto Premios Grammy Awards
Tampoco resulta tan sorprendente un dúo formado por Sting y Shaggy. En 1979 Police editaba Reggatta de Blanc, su segundo álbum de influencia jamaicana, que se sumaba a la oleada punky-reggae que inundaba las islas británicas y comandada por gente como Clash, PIL, Ruts, Madness o el propio Bob Marley. Fascinado desde entonces por los ritmos caribeños, Gordon Sumner AKA Sting jamás ha perdido su fe en ellos. Así que cuando su manager Martin Kierszenbaum, que también lleva los asuntos de Shaggy, le puso el último temazo rompepistas del jamaicano, a nuestro bajista y vocalista le faltó tiempo para dejar su mansión de Malibú y proponerle formar tándem. Y la unión de Shaggy y el ex Police se ha concretado en un primer single, Don't Make Me Wait, y seis meses más tarde en este 44/876. De Crooked Tree a Dreaming In The USA, que apuesta por la recuperación del dañado sueño norteamericano, nos encontramos con un cóctel de reggae, dancehall y pop pegadizo que irriga un álbum de lo más sorprendente, y que mantiene sobradamente el tipo a lo largo de toda su duración. Y es que a juicio de Orville Richard Burrell, más conocido como Shaggy, se trata «del disco que necesitaba el mundo»… © Charlotte Saintoin/Qobuz
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Hip-Hop/Rap - Publicado el 6 de abril de 2018 | Atlantic - KSR

Premios Pitchfork: Best New Music - Grammy Awards
Figura habitual del despiadado mundo de las redes sociales, Cardi B se ha dotado de una identidad indestructible como stripper y participante en realitys. Sin pelos en la lengua y consciente de cómo sacar el máximo partido a su celebridad, ha volcado toda su energía en una única pasión: la música, y más en concreto el rap. Y de ese modo sonó la flauta. Acertó con un tema como Bodak Yellow, convirtiendo esa canción del rapero Kodak Black en vehículo para su deje del Bronx, su desbordante energía y su extremada sinceridad. Optando por una línea dura tipo Remy Ma o Gangsta Boo, Cardi B decidió alejarse de la tendencia pop representada por una Nicki Minaj. Su éxito fue fulminante, pero dejaba más de una incógnita en el aire. En Invasion of Privacy Cardi B ha convocado todas sus cualidades para plasmar un puñado de standards contemporáneos. Y se atreve con todos los palos del género, desde la fórmula club de DJ Mustard con YG al estimulante minimalismo junto a los muchachos de Migos. Algunos de los cortes resultan incluso bastante sorprendentes, como esa balada con la inclasificable Kehlani, ese momento de respiro con Chance The Rapper o, también, ese himno feminista y provocador a dúo con la indómita SZA. Cada invitado ha sido elegido con cuidado con el fin de presentar a Cardi B bajo diferentes ángulos y en los más heterogéneos ambientes, como ese exuberante entorno latino de I Like It. Pero donde la rapera se demuestra más convincente es, sin duda, en los cortes en solitario, como Get Up 10, con su impecable y tierna introducción vocal al modo de Meek Mill, o Bickenhead, relectura luminosa y reivindicativa de un clásico de Project Pat. La artista se desempeña con acierto en cada corte, mostrándose a veces ciertamente algo histriónica, pero también espléndida y altamente expresiva desde un punto vocal. Su acento latino se traduce por lo demás en una rítmica tan atípica como original. Sus defectos de pronunciación son aprovechados en beneficio propio, puesto que Cardi B pone en muchos momentos su identidad por bandera para proponer juegos de palabras y complejas rimas internas que hacen el conjunto todavía más enigmático. Invasion of Privacy nos muestra su personalidad a manera de libro abierto –con algunas páginas desgarradas–, invitando al oyente a conocerla mejor. Con su perfecto equilibrio entre cálculo y espontaneidad, Cardi B pasa con nota el complicado escollo que supone un primer álbum. Y tanto sus gestos exagerados como su honestidad expresiva refuerzan aún más la cercanía con su público, convirtiéndose por lo demás en pertinente icono de una nueva generación en busca de autencidad en el mundo virtual. © Aurélien Chapuis/Qobuz
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Clásica - Publicado el 6 de abril de 2018 | Avie Records

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Country - Publicado el 30 de marzo de 2018 | MCA Nashville

Hi-Res Libreto Premios Pitchfork: Best New Music - Grammy Awards
En 2013 su impecable Same Trailer Different Park le reportó, para sorpresa de todos, el Grammy al mejor álbum country del año, poniendo de manifiesto la voluntad de Kacey Musgraves por alejarse de los cantos de sirena de Nashville y eludir así su destino como enésima copia de Taylor Swift. Y es que sus letras hablaban abiertamente de homosexualidad, drogas, madres solteras… en definitiva, de cosas que hacen poca gracia a los sectores más conservadores del country norteamericano. Y en Pageant Material, su segundo trabajo publicado en el estío de 2015, la tejana seguía por derroteros similares. Cuando una canción parecía encaminada hacía los tópicos más habituales del género, nuestra joven cowgirl daba un volantazo para retorcerlos brillantemente. Oscilando entonces entre el country puro y duro y un country más pop, incluía también temas claramente rockeros, un punto retro gracias al uso del banjo y del steel pedal o, por el contrario, de los más lánguidos violines… Sin ser ninguna revolucionaria, sin aspirar tampoco a hacer temblar Nashville, esta nativa de Golden, en el norte de Texas, ampliaba su círculo de fans, que se preguntaban con qué se descolgaría próximamente… Estamos en primavera de 2018, y Kacey Musgraves les da por fin respuesta con un tercer disco más inclinado al pop. Aunque los integristas del country pasarán del tema, los curiosos harán bien escuchando Golden Hour hasta el final. Y es que la circunstancia de matrimoniar con su colega Ruston Kelly ha tenido sin duda algo que ver con que la artista haya compuesto un verdadero tratado amoroso, caracterizado por la exquisitez. Sin caer nunca en lo almibarado, estos temas de amor suponen una radiografía emocional de inaudita sinceridad. En una entrevista aparecida en Entertainment Weekly, Kacey Musgraves explica que se ha visto influenciada ¡por Neil Young, Sade y los Bee Gees! Un triumvirato ecléctico y desconcertante hasta decir basta, pero no tan caprichoso como podría parecer si se dedica algo de atención a esta Golden Hour. Pues conviene destacar la dulzura de este puñado de canciones de inusitada transparencia y cuyas melodías demuestran una manifiesta eficacia. © Max Dembo/Qobuz
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Jazz - Publicado el 23 de marzo de 2018 | BFM Jazz

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Pop - Publicado el 16 de febrero de 2018 | Low Country Sound - Elektra

Hi-Res Premios Grammy Awards - Preis der deutschen Schallplattenkritik
Brandi Carlile no para. Entre su nueva vida como madre lesbiana, que ha hecho pública recientemente, y su activismo en la asociación War Child la artista todavía ha encontrado tiempo para volver por sexta vez a los estudios de grabación. En pleno disfrute de su maternidad, la visión de una Norteamérica al borde de la catástrofe le ha inspirado un trabajo que ella considera el más intenso de su carrera. By The Way, I Forgive You, recorrido por el evangélico asunto del perdón, y coproducido por Shooter Jennings (hijo del difunto Waylon) y Dave Cobb (Jason Isbell, Chris Stapleton o Lori McKenna), prolonga pues las tonalidades country folk de The Firewatcher's Daughter (2015). Diez temas que a lo largo de 43 minutos abordan cuestiones familiares, políticas e identitarias, escritos por Carlile y por sus fieles gemelos Hanseroth (Fightings Machinists). La propuesta se envuelve en un country emotivo orientado a amplias audiencias, con arreglos de cuerdas firmados por el llorado Paul Buckmaster (Elton John, David Bowie, Rolling Stone ou encore Leonard Cohen). © Charlotte Saintoin/Qobuz
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Electrónica - Publicado el 19 de enero de 2018 | Nonesuch

Hi-Res Libreto Premios Grammy Awards - Preis der deutschen Schallplattenkritik
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Rock - Publicado el 10 de noviembre de 2017 | Lava Music - Republic Records

Hi-Res Premios Grammy Awards
El álbum debut de Greta Van Fleet no deja ninguna duda sobre la obsesión del conjunto por Led Zeppelin. La comparación con clones de la legendaria banda británica como Kingdom Come en los ochenta es inevitable, la única diferencia es que los Greta Van Fleet pertenecen a un siglo en el cual el hard rock ha pasado completamente de moda. El enorme entusiasmo de estos jovencísimos imitadores tiene de todas maneras su encanto, aunque resulte facilísimo darse cuenta de cual canción de Led Zeppelin ha servido de inspiración para cada uno de sus temas, por ejemplo “In My Time of Dying” para “Safari Song”, “Hey, Hey, What Can I Do” para “Flower Power” o “The Rover” para “Highway Tune”. Eso sí, todo sin una pizca de cinismo, solo genuina admiración. © TiVo